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21 enero 2010

Nigerianos llevan a Shell ante tribunales holandeses




*Por primera vez un tribunal de La Haya, en Holanda, admitió a trámite una denuncia por supuestos daños ecológicos causados por la petrolera anglo-holandesa Shell en Nigeria.

Los denunciantes fueron la sección holandesa de la organización internacional Amigos de la Tierra y cuatro campesinos y pescadores nigerianos.
Ellos calificaron la decisión como una victoria inicial para todos los nigerianos que han estado luchando durante años “por un hábitat más limpio y por justicia”.

“Con esta acción se abre la puerta a otros procesos y la calificó de “un gran paso, ya que la justicia de nuestro país ha reconocido que Shell puede ser perseguida por estas acciones. Esa es nuestra victoria” afirmó Amigos de la Tierra.

Los agricultores y pescadores del delta del Níger aseguran que las filtraciones de petróleo de las actividades de Shell y sus filiales africanas han contaminado las tierras de labranza y lagunas de pesca, y piden que Shell limpie el crudo y los compense. La petrolera atribuye estos vertidos a actos de sabotaje de los grupos guerrilleros, muy activos en el Delta del río Níger pero los denunciantes sostienen que los derrames son parte de un “patrón sistemático que ha durado décadas”.

La acción se inició después de varios intentos fallidos de encarar el asunto en Nigeria, y debido a que Shell es una firma parcialmente holandesa, comentó un vocero Amigos de la Tierra.

Un portavoz de la corte informó que la empresa Shell - la mayor productora de gas y petróleo en el país africano de Nigeria -podrá presentar una réplica a los cargos el 10 de febrero. Por su parte, Shell informó el miércoles que estaba decepcionada con el fallo de La Haya porque sostuvo que las situaciones con “asuntos puramente nigerianos”.


Antecedentes

El conflicto contra la empresa Shell lleva muchos años por los impactos ambientales en el Delta del Níger que se ha convertido en una pesadilla para la población debido a la contaminación de tierras, ríos y arroyos.

La empresa Shell fue acusada de complicidad en el asesinato de varios activistas en la región. Si bien Shell desmintió la acusación, pagó una indemnización de 15,5 millones de dólares a los familiares de los muertos con lo cual el asunto quedó cerrado. Organizaciones de prestigio como Amnistía Internacional calificaron la situación en Nigeria como una “tragedia de los derechos humanos”.

Una de las principales actividades cuestionadas a la empresa Shell ha sido la quema de gases -como el metano- derivados de la extracción de petróleo.

El problema reside en parte en las avejentadas estructuras de extracción de petróleo en Nigeria y que datan de los años cincuenta, y que no tienen la capacidad de extraer las burbujas de gas que acompañan al petróleo.

Ni el gobierno ni la empresa han estado dispuestas a modernizar el sistema a pesar del valor del gas que se extraería lo que ocasiona ingentes pérdidas al Estado de Nigeria, calculados en 2,5 mil millones de dólares que el uso de este gas podría generar.

La consecuencia es que la quema de los gases ha provocado uno de los desastres ambientales más grandes del planeta y la población padece serios problemas cutáneos y respiratorios. El aire es irrespirable, las tierras incultivables y los peces -donde aún se encuentran- contienen cantidades excesivas de tóxicos.

La población nigeriana no percibe beneficios económicos de la extracción de petróleo mientras que la alianza entre la transnacional y los gobiernos han reducido los ingresos del Estado que han pasado de un 50 por ciento en los años sesenta a un 13 por ciento en la actualidad, reportó un informe de Radio Nederland de Holanda.


Fuente Rebelión


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19 enero 2010

La maldición blanca



Por Eduardo Galeano

El primer día de este año, la libertad cumplió dos siglos de vida en el mundo. Nadie se enteró, o casi nadie. Pocos días después, el país del cumpleaños, Haití, pasó a ocupar algún espacio en los medios de comunicación; pero no por el aniversario de la libertad universal, sino porque se desató allí un baño de sangre que acabó volteando al presidente Aristide.

Haití fue el primer país donde se abolió la esclavitud. Sin embargo, las enciclopedias más difundidas y casi todos los textos de educación atribuyen a Inglaterra ese histórico honor. Es verdad que un buen día cambió de opinión el imperio que había sido campeón mundial del tráfico negrero; pero la abolición británica ocurrió en 1807, tres años después de la revolución haitiana, y resultó tan poco convincente que en 1832 Inglaterra tuvo que volver a prohibir la esclavitud.

Nada tiene de nuevo el ninguneo de Haití. Desde hace dos siglos, sufre desprecio y castigo. Thomas Jefferson, prócer de la libertad y propietario de esclavos, advertía que de Haití provenía el mal ejemplo; y decía que había que “confinar la peste en esa isla”. Su país lo escuchó. Los Estados Unidos demoraron sesenta años en otorgar reconocimiento diplomático a la más libre de las naciones. Mientras tanto, en Brasil, se llamaba haitianismo al desorden y a la violencia. Los dueños de los brazos negros se salvaron del haitianismo hasta 1888. Ese año, el Brasil abolió la esclavitud. Fue el último país en el mundo.

Haití ha vuelto a ser un país invisible, hasta la próxima carnicería. Mientras estuvo en las pantallas y en las páginas, a principios de este año, los medios trasmitieron confusión y violencia y confirmaron que los haitianos han nacido para hacer bien el mal y para hacer mal el bien.

Desde la revolución para acá, Haití sólo ha sido capaz de ofrecer tragedias. Era una colonia próspera y feliz y ahora es la nación más pobre del hemisferio occidental. Las revoluciones, concluyeron algunos especialistas, conducen al abismo. Y algunos dijeron, y otros sugirieron, que la tendencia haitiana al fratricidio proviene de la salvaje herencia que viene del Africa. El mandato de los ancestros. La maldición negra, que empuja al crimen y al caos.

De la maldición blanca, no se habló.

La Revolución Francesa había eliminado la esclavitud, pero Napoleón la había resucitado:
—¿Cuál ha sido el régimen más próspero para las colonias?

—El anterior.

—Pues, que se restablezca.

Y, para reimplantar la esclavitud en Haití, envió más de cincuenta naves llenas de soldados.

Los negros alzados vencieron a Francia y conquistaron la independencia nacional y la liberación de los esclavos. En 1804, heredaron una tierra arrasada por las devastadoras plantaciones de caña de azúcar y un país quemado por la guerra feroz. Y heredaron “la deuda francesa”. Francia cobró cara la humillación infligida a Napoleón Bonaparte. A poco de nacer, Haití tuvo que comprometerse a pagar una indemnización gigantesca, por el daño que había hecho liberándose. Esa expiación del pecado de la libertad le costó 150 millones de francos oro. El nuevo país nació estrangulado por esa soga atada al pescuezo: una fortuna que actualmente equivaldría a 21,700 millones de dólares o a 44 presupuestos totales del Haití de nuestros días. Mucho más de un siglo llevó el pago de la deuda, que los intereses de usura iban multiplicando. En 1938 se cumplió, por fin, la redención final. Para entonces, ya Haití pertenecía a los bancos de los Estados Unidos.

A cambio de ese dineral, Francia reconoció oficialmente a la nueva nación. Ningún otro país la reconoció. Haití había nacido condenada a la soledad.

Tampoco Simón Bolívar la reconoció, aunque le debía todo. Barcos, armas y soldados le había dado Haití en 1816, cuando Bolívar llegó a la isla, derrotado, y pidió amparo y ayuda. Todo le dio Haití, con la sola condición de que liberara a los esclavos, una idea que hasta entonces no se le había ocurrido. Después, el prócer triunfó en su guerra de independencia y expresó su gratitud enviando a Port-au-Prince una espada de regalo. De reconocimiento, ni hablar.

En realidad, las colonias españolas que habían pasado a ser países independientes seguían teniendo esclavos, aunque algunas tuvieran, además, leyes que lo prohibían. Bolívar dictó la suya en 1821, pero la realidad no se dio por enterada. Treinta años después, en 1851, Colombia abolió la esclavitud; y Venezuela en 1854.

En 1915, los marines desembarcaron en Haití. Se quedaron diecinueve años. Lo primero que hicieron fue ocupar la aduana y la oficina de recaudación de impuestos. El ejército de ocupación retuvo el salario del presidente haitiano hasta que se resignó a firmar la liquidación del Banco de la Nación, que se convirtió en sucursal del Citibank de Nueva York. El presidente y todos los demás negros tenían la entrada prohibida en los hoteles, restoranes y clubes exclusivos del poder extranjero. Los ocupantes no se atrevieron a restablecer la esclavitud, pero impusieron el trabajo forzado para las obras públicas. Y mataron mucho. No fue fácil apagar los fuegos de la resistencia. El jefe guerrillero, Charlemagne Péralte, clavado en cruz contra una puerta, fue exhibido, para escarmiento, en la plaza pública.

La misión civilizadora concluyó en 1934. Los ocupantes se retiraron dejando en su lugar una Guardia Nacional, fabricada por ellos, para exterminar cualquier posible asomo de democracia. Lo mismo hicieron en Nicaragua y en la República Dominicana. Algún tiempo después, Duvalier fue el equivalente haitiano de Somoza y de Trujillo.

Y así, de dictadura en dictadura, de promesa en traición, se fueron sumando las desventuras y los años.

Aristide, el cura rebelde, llegó a la presidencia en 1991. Duró pocos meses. El gobierno de los Estados Unidos ayudó a derribarlo, se lo llevó, lo sometió a tratamiento y una vez reciclado lo devolvió, en brazos de los marines, a la presidencia. Y otra vez ayudó a derribarlo, en este año 2004, y otra vez hubo matanza. Y otra vez volvieron los marines, que siempre regresan, como la gripe.

Pero los expertos internacionales son mucho más devastadores que las tropas invasoras. País sumiso a las órdenes del Banco Mundial y del Fondo Monetario, Haití había obedecido sus instrucciones sin chistar. Le pagaron negándole el pan y la sal. Le congelaron los créditos, a pesar de que había desmantelado el Estado y había liquidado todos los aranceles y subsidios que protegían la producción nacional. Los campesinos cultivadores de arroz, que eran la mayoría, se convirtieron en mendigos o balseros. Muchos han ido y siguen yendo a parar a las profundidades del mar Caribe, pero esos náufragos no son cubanos y raras veces aparecen en los diarios.

Ahora Haití importa todo su arroz desde los Estados Unidos, donde los expertos internacionales, que son gente bastante distraída, se han olvidado de prohibir los aranceles y subsidios que protegen la producción nacional.

En la frontera donde termina la República Dominicana y empieza Haití, hay un gran cartel que advierte: El mal paso.
Al otro lado, está el infierno negro. Sangre y hambre, miseria, pestes.

En ese infierno tan temido, todos son escultores. Los haitianos tienen la costumbre de recoger latas y fierros viejos y con antigua maestría, recortando y martillando, sus manos crean maravillas que se ofrecen en los mercados populares.

Haití es un país arrojado al basural, por eterno castigo de su dignidad. Allí yace, como si fuera chatarra. Espera las manos de su gente.


Este artículo fue publicado en abril de 2004 en varios periódicos latinoamericanos.


Colaboración de José Luis Bertone

Imagen Allan Mcdonald


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06 enero 2010

Millones de hambrientos en EE.UU.



Por Rebeca Logan

Pocos se imaginan que en Estados Unidos, el país más rico y que más alimentos produce, existen niños como Daniel, quien a sus cinco años tiene que depender de un banco de comida para su alimentación.


Su padre perdió su trabajo en el 2008 y desde entonces su familia ha batallado para mantenerse a flote, incluso en ocasiones subsistiendo con sólo una comida al día. Su madre, Santana, trabaja como vendedora en una tienda, pero el dinero no le alcanza para alimentar a sus seis hijos, a pesar de recibir bonos de alimentos del gobierno y subsidios escolares.

Y el caso de Daniel y su familia no es único, según explica Russ Fraser de Feeding America, la principal organización de lucha contra el hambre en Estados Unidos, que anualmente provee alimentación gratuita a nueve millones de niños, incluyendo la familia de Daniel quien reside en Colorado.

"El número de niños que pasan hambre en este país es impresionante. Uno de cada cuatro niños están en una situación de inseguridad alimenticia, que significa que no tienen el acceso adecuado a una alimentación completa, pero también estamos viendo que incluso hay un porcentaje que está pasando hambre, que se acuestan sin comer", dijo Fraser a BBC Mundo.

Uno de los factores que mitiga el hambre para estos niños son las comidas que reciben en las escuelas públicas del país, pero incluso ahí se están viendo los estragos.

"Me han contado algunos maestros que han visto niños que envuelven los sobrados del almuerzo en la escuela para llevarse y tener que comer cuando llegan a sus casas", relata Fraser.

Y para quienes crean que las campanas para "adoptar" niños pobres se limitaban al Tercer Mundo, en la página web de Feeding America, se pueden ver fotos de niños tiernos al lado de titulares que rezan: "por cada dólar donado ayudas a proveer 7 comidas para hombre, mujeres y niños que enfrentan hambre en nuestro país"


Vacaciones con hambre

Pero cuando llegan las vacaciones, 17 millones de niños dejan de recibir estas comidas diarias y recurren a organizaciones como la que representa Fraser que coordina una red de bancos de comida en todo el país que proveen asistencia alimenticia a millones de familias.

En los últimos dos años, con la tasa de desempleo más alta en décadas, millones de familias que han perdido sus casas y empresas que cierran a diario, la necesidad ha alcanzado cifras exorbitantes en un país donde más de 49 millones de personas viven al borde del hambre.

Según datos del gobierno, en el último año el número de personas que viven en la pobreza aumentó en 1.1 millón.

"La demanda de alimentos de nuestra organización a nivel nacional ha subido el 30% en comparación al año pasado, pero en algunas zonas del país, donde han cerrado empresas y no hay ingresos, la demanda aumentó en un 100%, hay comunidades realmente devastadas", anotó Fraser, cuya entidad repartió 400 millones de libras de comida más que el año anterior.


Los ricos también lloran

Pero no sólo los pobres "tradicionales" están sufriendo los estragos de la recesión y la falta de comida. Fraser comentó de un caso en la Florida en el que recibieron una llamada de una familia que necesitaba alimentos.

"Cuando llegaron a la casa vieron que era una vivienda elegante en un buen barrio, y les pareció extraño que los mandaron a distribuir comida a esa dirección. Pero cuando la familia abrió la puerta vieron que la casa estaba completamente vacía. Ambos padres habían perdido su trabajo, y habían empleado o vendido todo lo que tenían, apenas les alcanzaba para pagar la hipoteca, y estaban a punto de perder su casa", relató Fraser.

"La gente no se da cuenta que a pesar de la gran abundancia también existe un nivel de pobreza muy grave. Uno de cada ocho recibe cupones del gobierno para comprar alimentos. Incluso para la gente que tiene trabajo es difícil, primero pagan sus cuentas como el arriendo y la luz, pero a mediados del mes ya no tienen dinero para comprar comida", señaló.

Además de los bancos de comida y organizaciones caritativas, millones de familias en Estados Unidos dependen de los cupones de alimentos, un programa del gobierno que subsidia la compra de productos básicos.


Cupones para millones

Este programa también está viendo cifras récord con 36,5 millones de personas inscritas hoy en día, en comparación a los 29,4 millones que reciban esta ayuda mensual en el 2008. Según J.P. Morgan, que administra en más de 20 estados las tarjetas automáticas que se utilizan para comprar comida bajo este programa, el 85% de los beneficios se agotan en los 3 primeros días.

Pero incluso este alto número no refleja la magnitud del problema ya que hay millones más que son elegibles para recibir estos cupones por sus bajos ingresos, pero que no los utilizan, debido al burocrático proceso de inscripción, porque no saben que tienen acceso o por el estigma relacionado con recibir asistencia pública.

Por ejemplo en el estado de Nueva York, para recibir estos beneficios, que a veces equivalen a US$80 al mes, los solicitantes deben someter sus huellas digitales al igual que quienes son arrestados por cometer un crimen.


La pobreza en otro idioma

"Para muchos recibir los cupones de alimentos es tocar el fondo, se sienten mal. Pero dicen que es preferible eso a dejar a los niños con hambre", explicó Ofelia Tapia, quien da clases de nutrición a personas que utilizan la asistencia pública y los bancos de alimentos en el estado de Virginia.

Tapia relató a BBC Mundo que en particular las familias inmigrantes han sido muy afectadas por la crisis económica y prefieren inscribir a sus hijos en programas de asistencia antes que utilizar beneficios para ellos mismos. Otros simplemente están regresando a sus pases por la falta de trabajo.

"Aunque estamos en el país que toda la gente dice que es el más rico del mundo, aquí también hay pobreza y gente batallando para sobrevivir", comentó Tapia, quien nació en Estados Unidos de padres mexicanos.

"En México hasta en el pueblo más humilde la gente tiene que comer, si hay poco, se reparte y las familias se acogen. Aquí cada uno tiene que pagar lo suyo, y las familias no se acogen", agrega.


Fuente BBC Mundo


El énfasis es mío




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