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21 enero 2010

Haití: Primera ocupación militar del poder "inteligente"



Haití: Primera ocupación militar del poder "inteligente"

Por Ángel Guerra Cabrera

Estados Unidos se ha aprovechado de la más reciente tragedia haitiana para implantarse militarmente en el país caribeño por largo tiempo. Así se veía venir desde que Washington anunció el envío de una magnitud de medios bélicos a la sufrida nación más propios de una invasión armada que de una operación humanitaria. Subrayando las tácticas del poder inteligente en la era de Obama, el ablandamiento artillero –por ahora– lo hace la televisión, que pasa imágenes dantescas del sufrimiento de los haitianos, separándolas de su contexto social y político, como si no se debieran principalmente a una historia de despojo y atropello imperial de siglos. Las imágenes no hacen más que sacar a flote un cuadro humano apocalíptico que, aunque ahora agravado, ya existía antes del sismo.

Mientras las terribles tomas televisivas movilizan una ola de solidaridad internacional nunca vista, la ocupación militar marcha viento en popa disfrazada de acción de socorro. Han llegado a Haití el superportaviones Carl Vinson y su grupo de batalla, incluidos tres buques de desembarco anfibio y dos navíos lanzamisiles, barcos y helicópteros de la Guardia Costera, una unidad de elite de 2 mil marines, 3 mil 500 soldados de la 82 División Aerotransportada –la misma que actuó en las invasiones de República Dominicana, Granada y Panamá–; en fin, según anuncia el Pentágono, están por arribar entre 9 mil y 10 mil militares de Estados Unidos.

El aeropuerto y el tráfico aéreo están bajo el control de su fuerza aérea y sus militares han desplazado a un segundo plano a las fuerzas de Naciones Unidas, a cuyo comando no se subordinan. Surgen protestas de Francia, Brasil, Venezuela y la Caricom, cuyos aviones no reciben permiso de aterrizaje de los yanquis. El formidable despliegue bélico está lejos de ser temporal, ha llegado para quedarse como lo confirman las gráficas declaraciones de la señora Clinton en su visita a Haití y las del vocero del Departamento de Estado Philip Crowley: “
vamos a permanecer allí a largo plazo…”, e igualmente las del general Douglas Frazer, jefe del Comando Sur, a cargo de la "ayuda", extensamente reproducidas por el académico canadiense y experto en geoestrategia Michell Chossudovsky en su artículo "La militarización de la ayuda de emergencia a Haití: ¿es una operación humanitaria o una invasión?", publicado en el sitio web Global Research.

Chossudovsky afirma que
"esta renovada presencia militar estadunidense en Haití será utilizada para establecer un punto de apoyo en el país y también persigue los objetivos estratégicos y geopolíticos de Estados Unidos en la cuenca del Caribe, que están en gran medida dirigidos contra Cuba y Venezuela". Cuba ha mantenido una brigada médica en el país caribeño durante 11 años, que en el momento del terremoto atendía pacientes en 227 de las 237 comunas, apoyada con recursos de alta tecnología aportados por Venezuela. En universidades cubanas se han formado 548 médicos haitianos; con sus colegas cubanos hacen una fuerza de unos mil integrantes, que ahora realiza su labor principalmente en Puerto Príncipe. Mientras el cuello de botella en el aeropuerto no permite que llegue la ayuda, los hospitales de campaña cubanos han atendido a cientos de haitianos y operado a decenas. Cuba desarrolla otros programas de cooperación, también sin costo alguno para Haití, entre ellos uno de alfabetización. Venezuela le suministra petróleo en condiciones muy favorables a través de Petrocaribe basándose en los principios de solidaridad de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba).

Esto es lo que molesta a Estados Unidos, que ha sido incapaz de otra cosa en Haití que de saquearlo inmisericordemente apoyándose en sucesivas intervenciones militares desde principios del siglo XX. Al igual que en Honduras, Washington busca yugular allí acciones como las de Cuba y Venezuela que permitan a sus habitantes ponerse por sí mismos sobre sus pies.

Haití fue el primer gran faro revolucionario de la libertad del mundo colonial, ocupó en el siglo XIX el lugar que tocó a Cuba en el XX. Las viejas potencias coloniales y Estados Unidos le han estado haciendo pagar la osadía de su gran revolución social, la primera antiesclavista triunfante de la historia, precursora de la independencia de América Latina.

Washington no va a hacer nada por la libertad y el bienestar de los haitianos. Vivir para ver.


Fuente La Jornada



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19 enero 2010

La maldición blanca



Por Eduardo Galeano

El primer día de este año, la libertad cumplió dos siglos de vida en el mundo. Nadie se enteró, o casi nadie. Pocos días después, el país del cumpleaños, Haití, pasó a ocupar algún espacio en los medios de comunicación; pero no por el aniversario de la libertad universal, sino porque se desató allí un baño de sangre que acabó volteando al presidente Aristide.

Haití fue el primer país donde se abolió la esclavitud. Sin embargo, las enciclopedias más difundidas y casi todos los textos de educación atribuyen a Inglaterra ese histórico honor. Es verdad que un buen día cambió de opinión el imperio que había sido campeón mundial del tráfico negrero; pero la abolición británica ocurrió en 1807, tres años después de la revolución haitiana, y resultó tan poco convincente que en 1832 Inglaterra tuvo que volver a prohibir la esclavitud.

Nada tiene de nuevo el ninguneo de Haití. Desde hace dos siglos, sufre desprecio y castigo. Thomas Jefferson, prócer de la libertad y propietario de esclavos, advertía que de Haití provenía el mal ejemplo; y decía que había que “confinar la peste en esa isla”. Su país lo escuchó. Los Estados Unidos demoraron sesenta años en otorgar reconocimiento diplomático a la más libre de las naciones. Mientras tanto, en Brasil, se llamaba haitianismo al desorden y a la violencia. Los dueños de los brazos negros se salvaron del haitianismo hasta 1888. Ese año, el Brasil abolió la esclavitud. Fue el último país en el mundo.

Haití ha vuelto a ser un país invisible, hasta la próxima carnicería. Mientras estuvo en las pantallas y en las páginas, a principios de este año, los medios trasmitieron confusión y violencia y confirmaron que los haitianos han nacido para hacer bien el mal y para hacer mal el bien.

Desde la revolución para acá, Haití sólo ha sido capaz de ofrecer tragedias. Era una colonia próspera y feliz y ahora es la nación más pobre del hemisferio occidental. Las revoluciones, concluyeron algunos especialistas, conducen al abismo. Y algunos dijeron, y otros sugirieron, que la tendencia haitiana al fratricidio proviene de la salvaje herencia que viene del Africa. El mandato de los ancestros. La maldición negra, que empuja al crimen y al caos.

De la maldición blanca, no se habló.

La Revolución Francesa había eliminado la esclavitud, pero Napoleón la había resucitado:
—¿Cuál ha sido el régimen más próspero para las colonias?

—El anterior.

—Pues, que se restablezca.

Y, para reimplantar la esclavitud en Haití, envió más de cincuenta naves llenas de soldados.

Los negros alzados vencieron a Francia y conquistaron la independencia nacional y la liberación de los esclavos. En 1804, heredaron una tierra arrasada por las devastadoras plantaciones de caña de azúcar y un país quemado por la guerra feroz. Y heredaron “la deuda francesa”. Francia cobró cara la humillación infligida a Napoleón Bonaparte. A poco de nacer, Haití tuvo que comprometerse a pagar una indemnización gigantesca, por el daño que había hecho liberándose. Esa expiación del pecado de la libertad le costó 150 millones de francos oro. El nuevo país nació estrangulado por esa soga atada al pescuezo: una fortuna que actualmente equivaldría a 21,700 millones de dólares o a 44 presupuestos totales del Haití de nuestros días. Mucho más de un siglo llevó el pago de la deuda, que los intereses de usura iban multiplicando. En 1938 se cumplió, por fin, la redención final. Para entonces, ya Haití pertenecía a los bancos de los Estados Unidos.

A cambio de ese dineral, Francia reconoció oficialmente a la nueva nación. Ningún otro país la reconoció. Haití había nacido condenada a la soledad.

Tampoco Simón Bolívar la reconoció, aunque le debía todo. Barcos, armas y soldados le había dado Haití en 1816, cuando Bolívar llegó a la isla, derrotado, y pidió amparo y ayuda. Todo le dio Haití, con la sola condición de que liberara a los esclavos, una idea que hasta entonces no se le había ocurrido. Después, el prócer triunfó en su guerra de independencia y expresó su gratitud enviando a Port-au-Prince una espada de regalo. De reconocimiento, ni hablar.

En realidad, las colonias españolas que habían pasado a ser países independientes seguían teniendo esclavos, aunque algunas tuvieran, además, leyes que lo prohibían. Bolívar dictó la suya en 1821, pero la realidad no se dio por enterada. Treinta años después, en 1851, Colombia abolió la esclavitud; y Venezuela en 1854.

En 1915, los marines desembarcaron en Haití. Se quedaron diecinueve años. Lo primero que hicieron fue ocupar la aduana y la oficina de recaudación de impuestos. El ejército de ocupación retuvo el salario del presidente haitiano hasta que se resignó a firmar la liquidación del Banco de la Nación, que se convirtió en sucursal del Citibank de Nueva York. El presidente y todos los demás negros tenían la entrada prohibida en los hoteles, restoranes y clubes exclusivos del poder extranjero. Los ocupantes no se atrevieron a restablecer la esclavitud, pero impusieron el trabajo forzado para las obras públicas. Y mataron mucho. No fue fácil apagar los fuegos de la resistencia. El jefe guerrillero, Charlemagne Péralte, clavado en cruz contra una puerta, fue exhibido, para escarmiento, en la plaza pública.

La misión civilizadora concluyó en 1934. Los ocupantes se retiraron dejando en su lugar una Guardia Nacional, fabricada por ellos, para exterminar cualquier posible asomo de democracia. Lo mismo hicieron en Nicaragua y en la República Dominicana. Algún tiempo después, Duvalier fue el equivalente haitiano de Somoza y de Trujillo.

Y así, de dictadura en dictadura, de promesa en traición, se fueron sumando las desventuras y los años.

Aristide, el cura rebelde, llegó a la presidencia en 1991. Duró pocos meses. El gobierno de los Estados Unidos ayudó a derribarlo, se lo llevó, lo sometió a tratamiento y una vez reciclado lo devolvió, en brazos de los marines, a la presidencia. Y otra vez ayudó a derribarlo, en este año 2004, y otra vez hubo matanza. Y otra vez volvieron los marines, que siempre regresan, como la gripe.

Pero los expertos internacionales son mucho más devastadores que las tropas invasoras. País sumiso a las órdenes del Banco Mundial y del Fondo Monetario, Haití había obedecido sus instrucciones sin chistar. Le pagaron negándole el pan y la sal. Le congelaron los créditos, a pesar de que había desmantelado el Estado y había liquidado todos los aranceles y subsidios que protegían la producción nacional. Los campesinos cultivadores de arroz, que eran la mayoría, se convirtieron en mendigos o balseros. Muchos han ido y siguen yendo a parar a las profundidades del mar Caribe, pero esos náufragos no son cubanos y raras veces aparecen en los diarios.

Ahora Haití importa todo su arroz desde los Estados Unidos, donde los expertos internacionales, que son gente bastante distraída, se han olvidado de prohibir los aranceles y subsidios que protegen la producción nacional.

En la frontera donde termina la República Dominicana y empieza Haití, hay un gran cartel que advierte: El mal paso.
Al otro lado, está el infierno negro. Sangre y hambre, miseria, pestes.

En ese infierno tan temido, todos son escultores. Los haitianos tienen la costumbre de recoger latas y fierros viejos y con antigua maestría, recortando y martillando, sus manos crean maravillas que se ofrecen en los mercados populares.

Haití es un país arrojado al basural, por eterno castigo de su dignidad. Allí yace, como si fuera chatarra. Espera las manos de su gente.


Este artículo fue publicado en abril de 2004 en varios periódicos latinoamericanos.


Colaboración de José Luis Bertone

Imagen Allan Mcdonald


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16 enero 2010

La inmoralidad mayor



Por John Saxe-Fernández

La inclusión de Cuba en la lista de países que el Departamento de Estado califica de patrocinadores del terrorismo internacional, a la que congresistas de derecha quieren agregar Venezuela, además de arbitraria e injusta, como afirmó el Ministerio de Relaciones Exteriores de la isla, es otro indicio de que con Obama persiste y se amplía lo que C. Wright Mills llamó la inmoralidad mayor.

Es decir, el ascenso de la cúpula castrense que, en medio de la crisis que abate la economía imperial, hace de la guerra y el narcotráfico el mejor de los negocios, convirtiéndose en un estrato capitalista que engrana intereses del alto capital con la política del sector militar, a la vez que acentúa el papel castrense en las decisiones de política exterior y de seguridad nacional.

La cincuentenaria y renovada embestida contra Cuba se inscribe en una amplia gama de operaciones del Consejo de Seguridad de Obama: esquemas de guerra psicológica de corte propagandístico-electoral contra fuerzas progresistas y nacionalistas de Latinoamérica, que incluyen la activa participación de grandes firmas (como la que protagonizó Halliburton de México durante el mandato Bush/Cheney en la campaña contra AMLO en 2006); de fundaciones, ONGs y del National Endowment for Democracy, vinculado al aparato de inteligencia, que también opera en la región con un notorio aumento presupuestal que, de 53, pasó a poco más de 300 millones de dólares, lo que dice mucho en tiempos de penuria económica.

El variado menú imperial contra gobiernos de centro-izquierda tiene platillos del poder suave y duro que incluyen intimidaciones como las de Clinton contra los que osan seguir políticas domésticas y externas soberanas, que recuerdan oscuras épocas de la diplomacia mundial, y también atroces operativos de terrorismo de Estado: ataques a civiles inermes usando tropas no oficiales; golpes de Estado, como en Honduras (integrante de la ALBA) seguidos de brutal represión policial-militar y, como en Afganistán, con su dosis de ejecuciones extrajudiciales. Agréguese la proliferación de bases en Colombia y Panamá; la profundización de la campaña contra Venezuela y las violaciones de su espacio aéreo, así como frecuentes manoseos en las relaciones cívico-militares sudamericanas por parte del Comando Sur, y se tendrán pistas sólidas de la continuidad con el atroz régimen Bush/Cheney.

Se trata de una tendencia estructural signada por la aguda militarización de la política exterior y sus operaciones diplo-militares, integrando los programas de intervención y ocupación que realizan el Comando Norte en México y Canadá, y el Comando Sur en América Central y Sudamérica: de ahí la semejanza con las operaciones de terror de Estado en Irak, Afganistán y Pakistán donde, como ocurre con el Plan Colombia, son endémicas las masacres de la población civil usando fuerzas paramilitares y ejércitos mercenarios que operan como firmas de seguridad.

El asunto es grave: Estados Unidos es una potencia militar bajo fuerte crisis económico-financiera, energética, ambiental y de acceso a recursos naturales estratégicos, con inclinación a recurrir a los instrumentos castrenses para neutralizar su debilitamiento hegemónico, monetario y la competencia de otros polos industriales y geopolíticos en Europa y Asia, también ávidos de mercados y recursos naturales. Lo que coloca a la inmoralidad mayor como amenaza de primer orden a la estabilidad y seguridad internacional, y por tanto en primer lugar de la agenda de las naciones, empezando por las de América Latina y el Caribe y de la Corte Penal Internacional.

Además de cerrar filas con Cuba y Venezuela, es crucial exigir el ingreso de Estados Unidos a la comunidad civilizada de naciones: los crímenes de guerra (Irak, Afganistán, ColombiaÂ…) se castigan bajo jurisdicción internacional. Para empezar, que Estados Unidos respete el derecho internacional y se someta, como el resto del mundo, a las Convenciones de Ginebra.


Fuente La Jornada


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07 enero 2010

“Pacificación” presidencial en América Latina



Por Noam Chomsky

Barack Obama es el cuarto presidente estadunidense en ganar el Premio Nobel de la Paz y se une a otros dentro de una larga tradición de pacificación que desde siempre ha servido a los intereses estadunidenses.

Los cuatro presidentes dejaron su huella en "nuestra pequeña región de allá, que nunca ha molestado a nadie" como caracterizó al hemisferio el secretario de Guerra, Henry L. Stimson, en 1945.

Dada la postura del gobierno de Obama hacia las elecciones en Honduras de noviembre último, vale la pena examinar el historial.


Theodore Roosevelt

En su segundo mandato como presidente, Theodore Roosevelt dijo que "la expansión de pueblos de sangre blanca o europea durante los pasados cuatro siglos se ha visto amenazada por beneficios duraderos para los pueblos que ya existían en las tierras en que ocurrió dicha expansión" (pese a lo que puedan pensar los africanos nativos americanos, filipinos y otros "beneficiados" puedan creer).

Por lo tanto, era "inevitable y en gran medida deseable para la humanidad en general, que el pueblo estadunidense terminara por ser mayoría sobre los mexicanos" al conquistar la mitad de México”, además de que "estaba fuera de toda discusión esperar que los (texanos) se sometieran a la supremacía de una raza inferior".

Utilizar la diplomacia de los barcos artillados para robarle Panamá a Colombia y construir un canal también fue un regalo para la humanidad.


Woodrow Wilson

Woodrow Wilson es el más honrado de los presidentes galardonados con el Nobel y posiblemente, el peor para América Latina. Su invasión a Haití en 1915 mató a miles, prácticamente reinstauró la esclavitud y dejó a gran parte del país en ruinas.

Para demostrar su amor a la democracia, Wilson ordenó a sus marines desintegrar el Parlamento haitiano a punta de pistola en represalia por no aprobar una legislación "progresista" que permitía a corporaciones estadunidenses comprar el país caribeño. El problema se remedió cuando los haitianos adoptaron una Constitución dictada por Estados Unidos, redactada bajo las armas de los marines. Se trataba de un esfuerzo que resultaría "benéfico para Haití", aseguró el Departamento de Estado a sus cautivos.

Wilson también invadió República Dominicana para garantizar su bienestar. Esta nación y Haití quedaron bajo el mando de violentos guardias civiles. Décadas de tortura, violencia y miseria en ambos países fueron el legado del "idealismo wilsoniano", que se convirtió en un principio de la política exterior estadunidense.


Jimmy Carter

Para el presidente Jimmy Carter, los derechos humanos eran "el alma de nuestra política exterior". Robert Pastor, asesor de seguridad nacional para temas de América Latina, explicó que había importantes distinciones entre derechos y política: lamentablemente la administración tuvo que respaldar el régimen del dictador nicaragüense Anastasio Somoza, y cuando esto resultó imposible, se mantuvo en el país a una Guardia Nacional entrenada en Estados Unidos, aun después de que se habían perpetrado matanzas contra la población "de una brutalidad que las naciones reservan para sus enemigos", según señaló el mismo funcionario, y en que murieron unas 40 mil personas.

Para Pastor, la razón es elemental: "Estados Unidos no quería controlar Nicaragua ni ningún otro país de la región, pero tampoco que los acontecimientos se salieran de control. Quería que los nicaragüenses actuaran de forma independiente, excepto cuando esto podía afectar los intereses de Estados Unidos".


Barack Obama


El presidente Barack Obama distanció a Estados Unidos de casi toda América Latina y Europa al aceptar el golpe militar que derrocó a la democracia hondureña en junio pasado.

La asonada reflejó "abismales y crecientes divisiones políticas y socioeconómicas", según el New York Times. Para la "reducida clase social alta", el presidente hondureño Manuel Zelaya se había convertido en una amenaza para lo que esa clase llama "democracia", pero que en realidad es el gobierno de "las fuerzas empresariales y políticas más fuertes del país".

Zelaya adoptó medidas tan peligrosas como el incremento del salario mínimo en un país en que 60 por ciento de la población vive en la pobreza. Tenía que irse.

Prácticamente solo, Estados Unidos reconoció las elecciones de noviembre (en las que resultó victorioso Pepe Lobo); las que se celebraron bajo un gobierno militar y que fueron "una gran celebración de la democracia", según el embajador de Obama en Honduras, Hugo Llorens.

El apoyo a los comicios también garantiza para Estados Unidos el uso de la base aérea de Palmerola, en territorio hondureño, cuyo valor para el ejército estadunidense se incrementa medida de que está siendo expulsado de la mayor parte de América Latina.

Después de las elecciones, Lewis Anselem, representante de Obama ante la Organización de Estados Americanos, aconsejó a los atrasados latinoamericanos que aceptaran el golpe militar y secundaran a Estados Unidos "en el mundo real, no el el mundo del realismo mágico".

Obama abrió brecha al apoyar un golpe militar. El gobierno estadunidense financia al Instituto Internacional Republicano (IRI, por sus siglas en inglés) y al Instituto Nacional Democrático (NDI, por sus siglas en inglés) que, se supone, promueven la democracia.

El IRI regularmente apoya golpes militares para derrocar a gobiernos electos como ocurrió en Venezuela, en 2002, y en Haití, en 2004. El NDI se ha contenido. En Honduras, por primera vez, éste instituto acordó observar las elecciones celebradas bajo un gobierno militar de facto, a diferencia de la OEA y la ONU, que seguían paseándose por el mundo del realismo mágico.

Debido a la estrecha relación entre el Pentágono y el ejército de Honduras, así como la enorme influencia económica estadunidense en el país centroamericano, hubiera sido muy sencillo para Obama unirse a los esfuerzos de latinoamericanos y europeos para defender la democracia en Honduras.

Pero Barack Obama optó por la política tradicional.

En su historia de las relaciones hemisféricas, el académico británico Gordon Connell-Smith escribe: "Mientras se habla de dientes para afuera en favor de una democracia representativa para América Latina, Estados Unidos tiene importantes intereses que van justo en la dirección contraria", y que requieren de "la democracia como un mero procedimiento, especialmente cuando se celebran elecciones que, con mucha frecuencia, han resultado una farsa".

Una democracia funcional puede responder a las preocupaciones del pueblo, mientras "Estados Unidos está más preocupado en coadyuvar las condiciones más favorables para sus inversiones privadas en el extranjero".

Se requiere una gran dosis de lo que a veces se conoce como "ignorancia intencional" para no ver estos hechos.

Una ceguera así debe ser celosamente guardada si es que se desea que la violencia de Estado siga su curso y cumpla su función. Siempre en favor de la humanidad, como nos recordó Obama otra vez en su discurso al recibir el Premio Nobel.


Fuente La Jornada

Imagen Rukleman Soto



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19 noviembre 2009

¿Para qué 20 bases militares de EE.UU?



Por Frida Modak*

Desde que trascendió que Colombia tenía un convenio con Estados Unidos para facilitarle siete bases militares en su territorio, el tema ha sido objeto de mucha discusión. Sin embargo el convenio ya es un hecho y a eso hay que agregar que se abrirán 4 nuevas bases en territorio panameño, lo que representa un gigantesco paso atrás en la nación istmeña que luchó durante tantos años por recuperar la soberanía sobre su territorio, asta expulsar de allí a las anteriores bases estadounidenses.

Pero el asunto tiene consecuencias para todos los países del área, así como también para el Caribe y para todos aquellos hasta donde alcancen los equipos de espionaje, porque eso son, instalados en las bases. Los gobiernos de la región no llegaron a un acuerdo sobre el tema en la reunión de UNASUR, lo obviaron, optando por considerarlo un asunto interno de Colombia para no entrar en la discusión de hasta donde llega el concepto de soberanía nacional.

Estados Unidos, por su parte, intenta presentar esta expansión de sus bases militares como una forma de combatir el narcotráfico y el terrorismo. Antes de los nuevos convenios los estadounidenses tenían 12 bases reconocidas y otras poco claras, pero pese al despliegue de recursos y efectivos militares el narcotráfico seguía viento en popa y el país del norte continuó siendo el primer consumidor mundial de drogas. El terrorismo no está ni en América Latina ni en el Caribe, sino en los países a los que Washington lleva sus guerras y el dinero del narcotráfico, según los estudiosos del tema, se lava mayoritariamente en los bancos estadounidenses, lo que hasta antes del estallido de la crisis económica actual habría contribuido a paliar los déficit fiscales.

Así se distribuyen

Hasta el año 2000, Estados Unidos tuvo a Panamá como sede de su enorme aparato de vigilancia y espionaje dirigido fundamentalmente a América Latina y el Caribe, pero que le permitía controlar también las relaciones de la región con los demás países del mundo. El 2000,en cumplimiento de los Tratados Torrijos-Carter se tuvieron que ir de Panamá, su base principal, Howard, se la llevaron a Miami y la Escuela de las Américas la instalaron en Fort Benning con el nombre de Instituto de Cooperación Hemisférica, ahí se siguen dando a los uniformados latinoamericanos cursos de inteligencia militar y de técnicas de tortura.

El cambio determinó que el Pentágono tuviera que reprogramar sus planes de control sobre la región y creó los llamados puntos de avanzada de operación, FOL por sus siglas en inglés, estructurados como centros de “movilidad estratégica” y “uso de fuerza decisiva” en guerras relámpago y con bases y tropas de despliegue rápido. En la localidad ecuatoriana de Manta, el presidente de la época les permitió instalar una base que fue la sustituta de la de Howard, y que se convirtió en el mayor punto de espionaje, con equipos satelitales, hacia América del Sur. De ahí despegaban los aviones espías Orion C-130 y los Awac, que interceptan las conversaciones de radio y señales de radar en un radio de 321.8 kilómetros.

Las bases actuales son: en El Salvador está la base militar de Comalapa, que hace monitoreo vía satélite y apoya a las bases grandes. En Honduras, la base Soto-Cano, que originalmente se llamó Palmerola y sirvió para entrenar a los “contra” en el intento de derrocar al primer gobierno sandinista, es una estación de radar que da apoyo para entrenamiento y misiones en helicóptero, vigilando cielos y aguas y se la considera clave para operaciones militares. Es la base a la que llevaron al Presidente Zelaya cuando lo secuestraron para sacarlo del país.

En Costa Rica, el país sin ejército, la base de Liberia que se usó como centro de negociaciones y en la que funcionó hasta 1995 un sistema de radar, entra en funciones otra vez, ahora con un nuevo radar, según anunció hace un mes Paul Trivelli, subcomandante del Comando Sur, quien dijo también que en la localidad de Caldera se invertirán 15 millones de dólares en una base naval que ya se está construyendo.

En Colombia operaban tres bases y ahora serán siete,
de las cuales la más importante por el equipamiento que se le está brindando es la de Palanqueros, que remplazará a la de Manta. Los militares estadounidenses podrán usar también todos los aeropuertos del país, como anunció hace pocos días el gobierno de Uribe.

Perú,
según lo afirma el gobierno del presidente Alan García, no tiene bases estadounidenses, sin embargo se señala que ha permitido el ingreso de militares de Estados Unidos y la construcción de algunas instalaciones en Iquitos y Nanay, zona fluvial de la Amazonia peruana. En Paraguay se encuentra la base militar Mariscal Estigarribia, que simboliza exactamente la finalidad de este tipo de instalaciones militares.

La base se encuentra en la región del Chaco, tiene capacidad para alojar a 20 mil soldados estadounidenses, una enorme pista de aterrizaje y se encuentra a 200 kilómetros de Argentina y Bolivia y a 300 kilómetros de Brasil. Su aeropuerto es más grande que el de Asunción, la capital paraguaya. La base está estratégicamente ubicada, cerca de la triple frontera Paraguay, Brasil, Argentina, y próxima al Acuífero Guaraní, que es la mayor reserva de agua dulce del mundo. Desde allí se vigila también el Altiplano boliviano y Venezuela.

Los problemas que está teniendo el Presidente Lugo, quien en un año de gobierno ha cambiado ya tres veces a la cúpula militar del país, están relacionados con sus posiciones a favor de una América Latina independiente, habrá que seguir el desarrollo de la situación.

Y nos quedan las bases del Caribe, la más conocida es la de Guantánamo, que la administración Bush usó como cárcel y lugar de tortura para presuntos terroristas cuya condición de tales no se ha podido probar, cárcel que Obama no ha podido cerrar como anunció. En las Antillas Holandesas están la base militar Reina Beatriz en Aruba y Hatos en Curazao. La de Vieques en Puerto Rico debió ser desalojada en 2004 a raíz de un fuerte movimiento popular en demanda de su cierre.

A este listado se suman las cuatro bases que se instalarán en Panamá, en medio de una gran polémica, porque se echa por tierra la lucha de décadas por recuperar la plena soberanía del país.

El Pentágono se anticipó, Samper

En este debate en el que tantas cosas se dicen a medias, el ex presidente colombiano Ernesto Samper fue muy claro al ser entrevistado por Telesur. A una pregunta sobre las reales intenciones del Pentágono en relación a las bases en su país respondió:

Las bases estaban anunciadas en las bases del Pentágono desde el mes de enero. Ahí aparecían las bases señaladas en el mapa de Colombia, antes de que se entrara a negociar con Colombia, estas bases no son para luchar contra el narcotráfico y el terrorismo en Colombia. El tipo de equipos que van a llegar a Colombia, equipos militares, no van a fortalecer la lucha contra el terrorismo o el narcotráfico.

Aviones C17 que transportan hasta 70 toneladas de material bélico, aviones P Orion 3 que van a llegar a Barranquilla, que son aviones de espionaje ligero, aviones como el Awac que es un avión que va con una plataforma de vigilancia electrónica arriba, Boeings 707, ¿los van a traer para fumigar los cultivos ilícitos? ¿Van a traer los C17 para llevar masivamente a los narcotraficantes? ¡Por Dios! Esto es un portaaviones para vigilancia electrónica para el hemisferio y eso es lo que temen con razón, no solamente Venezuela, que tiene todo el derecho a tener su miedo sobre estos dispositivos disuasivos, sino lo tienen también Brasil y los países de Unasur”.

Mensaje de Lula

En este contexto, el presidente brasileño le envió el siguiente mensaje verbal a su colega estadounidense: “Querido compañero Obama: no necesitamos las bases Americanas en Colombia para combatir el narcotráfico en América del Sur”.


*periodista, fue Secretaria de Prensa del Presidente Salvador Allende.


Fuente ALAI

Imagen Allan Mcdonald


El énfasis es mío


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17 noviembre 2009

Prolifera la economía del opio



Por Hedelberto López Blanch

Tras cumplirse, este octubre, ocho años del bombardeo, invasión y ocupación de Afganistán por parte de tropas estadounidenses con el pretexto de eliminar a los talibán, a la organización Al Qaeda y a su jefe Osama Bin Laden, en esa nación del suroeste asiático ha prosperado el negocio del opio lo que le ha valido para ganarse el sobrenombre de estado narco.

Las supuestas alegaciones estadounidenses para invadir este territorio después del derrumbe de las torres gemelas el 11 de septiembre de 2001 no se han conseguido pese a los miles de soldados de Washington y la OTAN presentes en Afganistán y muchos especialistas aseguran que la verdadera intención estadounidense era la de mantener una presencia militar permanente en la estratégica zona.

Para nadie es un secreto que Estados Unidos sueña con controlar las riquezas energéticas de Asia Central, construir oleoductos que le posibiliten la comercialización, pero debía pacificar Afganistán, por donde pasaría esa conexión, instalando un gobierno dócil y afín. Esto último lo han logrado sólo a medias con la permanente presencia de las fuerzas militares, aunque ha sido imposible apaciguar el país.

Mientras tanto, la proliferación de la producción de opio ha subido un 3.000% desde que los talibán fueron expulsados del gobierno en 2001. En 1999 los talibán ilegalizaron ese cultivo y dos años después la planta estaba prácticamente erradicada, indicó un informe de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes de las Naciones Unidas.

Datos de Organizaciones no Gubernamentales indican que el gobierno presidido por Hamid Karzai (quien acaba de ser reelegido tras cancelarse la segunda vuelta en las pasadas elecciones donde primó el fraude, según Naciones Unidas), obtiene el 25% del Producto Interior Bruto (PIB) del negocio de la droga.

La cifra alcanza a cerca de 3.000 millones de dólares y con la producción total proveniente de las distintas fuentes se abastece el 85% del mercado europeo y el 35% del estadounidense.

Recientes investigaciones periodísticas han denunciado que Ahmed Wali Karzai, hermano del presidente y gobernador de la provincia de Kandahar, es uno de los mayores traficantes de droga del país.

El opio proviene de una planta llamada amapola cuya flor al eclosionar produce una leche que se colecta y se vende. Después se debe realizar un tratamiento químico para el que se necesita disponer de laboratorios para procesar el líquido y convertirlo en heroína o morfina.

El campesino afgano no cuenta con dinero ni capacidad para producir a gran escala esas drogas y el negocio están en manos de los llamados Señores de la Guerra que controlan las distintas regiones del país, así como de integrantes del gobierno impuesto por Estados Unidos. También participan miembros de las fuerzas de ocupación y de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense.

Para sacar el opio de Afganistán se necesitan transportes y grandes contactos para atravesar fronteras y ponerlo a disposición de los consumidores en las naciones occidentales.

Aunque el régimen de Karzai fue impuesto por Washington, el Parlamento de ese país ha acusado a los ejércitos de ocupación de ser los responsables del transporte de la heroína hacia otras naciones de occidente para costear diferentes guerras.

Esa imputación no es nueva, pues en los años 70 Estados Unidos sufragó parte de su conflicto bélico en Vietnam por medio del llamado Triángulo de Oro, y una década después repitió esa acción para mantener a las fuerzas contrarrevolucionarias que desestabilizaron al gobierno sandinista nicaragüense. Ocho largos años han transcurrido desde la invasión sin que las tropas extranjeras hayan podido controlar la situación militar, ni se ha llevado adelante el inicialmente previsto Plan Marshall para Afganistán (en referencia al puesto en marcha en Europa tras la Segunda Guerra Mundial).

En esa nación, 10 millones de habitantes carecen de empleo (el 70% de la población económicamente activa), el analfabetismo alcanza al 80% de los habitantes, la carencia de agua potable y alcantarillado es casi generalizada en todo el territorio, el 50% de los niños padecen malnutrición y a diario mueren 600 por enfermedades evitables, 22 millones (de los 30 millones de habitantes) sobreviven del cultivo de la amapola.

Las promesas de reparar las viviendas y construir otras nuevas después de la ocupación ha pasado a las páginas del olvido y el único pequeño hospital que se erigió en Kabul se encuentra sin techo, con las cañerías de agua tupidas y la atención asistencial es ínfima.

Aunque el dinero continúa fluyendo hacia Afganistán para tratar de mantener la presencia de las tropas ocupantes, la mayor parte se gasta en el pago a los miles de empleados occidentales contratados cuyos sueldos son 200 veces superiores a los recibidos por cualquier trabajador nacional.

Con un país destruido y empobrecido, muchas familias afganas han seguido dos caminos: enfrentarse a los ocupantes y tratar de sobrevivir con el negocio del opio.


Fuente Rebelión

El énfasis es mío



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12 octubre 2009

12 de octubre: Día de la Resistencia Indígena


"Cinco siglos de prohibición del arcoiris en el cielo americano."
Eduardo Galeano






LAS PRIMERAS PALABRAS DEL ALMIRANTE
El 12 de octubre no es día de celebración, sino de duelo.


Radialistas.net


EL GRITO DE L@S EXCLUID@S
Se lanzan a las calles, se organizan, se movilizan, trabajan en red para que otro mundo sea posible. 


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