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18 mayo 2010

La bananera república estadounidense



Por Koldo Campos Sagaseta

El desastre ecológico y las decenas de muertos que ha provocado en el Golfo de México la explosión y hundimiento de una plataforma petrolera, vuelve a colocarnos frente a la triste realidad de una república bananera, y hablo de la estadounidense, que a su natural torpeza e ignorancia, agrega la arrogancia de creerse paradigma de todas las virtudes y, en consecuencia, imprescindible guía para los demás países a los que se empeña en dictar pautas para su progreso y desarrollo.

Y estos tres ingredientes: ignorancia, torpeza y arrogancia, suelen ser demoledores cuando suman sus letales efectos. Si esta catástrofe hubiera ocurrido en cualquier otro país americano, a los grandes medios no les habría faltado tiempo para denunciar la pésima gestión del accidente, la incompetencia puesta en evidencia o la irresponsable ocultación de datos. Pero ha ocurrido en Estados Unidos, donde su presidente, apenas hacía un mes que había levantado la prohibición de realizar nuevas exploraciones de gas y petróleo por el riesgo que conllevan y donde acaba de volver a cancelar los permisos hasta que no se investigue y se conozca lo ocurrido.

De momento, las únicas certezas que parece tener el presidente Obama es que será la empresa British Petroleum la que asuma los costos del desastre, y que todas las valoraciones que funcionarios de distintos niveles estuvieron manejando y haciendo públicas en los primeros días del desastre resultaron erróneas; ni las fugas de crudo eran las que se afirmaron, ni la gravedad de los vertidos era el que se estimaba, ni la velocidad de la mancha ha sido la que se preveía. Todas las medidas adoptadas han sido insuficientes o simples desatinos; ni prender fuego a las manchas ha servido para extinguirlas ni las barreras flotantes han evitado su avance.

De las decenas de muertos y desaparecidos nadie se acuerda.

Imposible no recordar el paso del huracán Katrina años atrás. Y no sólo por afectar el mismo litoral sino por el grado de ineptitud demostrado en ambos casos y que retrata a los Estados Unidos como la más bananera de todas repúblicas.

En aquella ocasión, a pesar de saberse la trayectoria y dirección de la tormenta Katrina desde siete días antes, sólo a última hora comenzaron a activarse los mecanismos de seguridad y socorro; sólo fueron trasladados los ciudadanos que pudieron costearse su salvación; los guardias nacionales encargados de preservar las vidas en las ciudades y comarcas inundadas, no estaban en ese servicio, sino empleados en otros afanes y oficios, a 12 mil kilómetros de distancia, en Iraq; buena parte del material de socorro que debió servir para resguardar la vida de la población amenazada por la tormenta, ya transformada en huracán, tampoco estaba donde debía sino en Iraq; no había refugios en condiciones ni dotados de comida, linternas, mantas o agua potable; la población más pobre y más negra fue la más perjudicada y la que más muertos y desaparecidos aportó a la tragedia; turbas armadas asaltaron algunos supermercados y policías provocaron más víctimas disparando sobre alborotadores y personas desesperadas; a las zonas de desastre llegaron antes los periodistas que los médicos y las cámaras de televisión antes que los botiquines; todavía se ignora el número de muertos y desaparecidos; el presidente estaba de vacaciones.

Por si no bastaran los citados ingredientes para definir como bananera esa república, buena parte de las ayudas destinadas a auxiliar a las víctimas se extraviaron por el camino y terminaron transformadas en vacaciones caribeñas, viajes a Australia y otros dispendios parecidos.

No es el primer grave accidente que ocurre este año en Estados Unidos ni tampoco el primer símil que pueda hacerse entre la sociedad que más alardea de progreso y desarrollo y el tercermundismo más ramplón.

En los primeros días de abril morían alrededor de 30 trabajadores en una mina de Virginia, tras una explosión cuyo origen aún se busca aclarar. La empresa Massey Energy´s Performance Coal, dueña de la mina, dispone de un largo historial de mortales accidentes. De hecho, tres años antes, en otro accidente ocurrido en su mina Sago, de Virginia, murieron 12 obreros. En aquella ocasión la empresa se declaró culpable de 10 cargos criminales vinculados a ese siniestro y en el 2009 tuvo que pagar 2, 5 millones de dólares en multas, bastante menos, obviamente, de lo que tendría que invertir en las medidas de seguridad que ignora.

En febrero de este año también se registraba una enorme explosión en una central eléctrica en Connecticut, cuyo desenlace en relación a las posibles víctimas causadas sigue siendo un misterio. Según las primeras informaciones de la policía local, recogidas por la cadena estadounidense NBC, la explosión había provocado “múltiples muertos y heridos”. El periódico local “Hartford Courant” aseguraba que cerca de un centenar de trabajadores se hallaban en el interior de la planta cuando sobrevino la explosión.

El administrador de la planta, Gordon Holk indicó que un indeterminado número de trabajadores estaba desaparecido, y que estaban procediendo a su búsqueda y rescate. Algunos testigos afirmaron haber visto cuerpos por todas partes y que bajo los escombros quedaban muchas víctimas. Sin embargo, la policía sólo reportó la muerte de dos trabajadores y un centenar de heridos, para que tres meses más tarde se siga sin saber qué fue, en verdad, lo que pasó y cuantas personas perdieron la vida.


Fuente Rebelión



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21 enero 2010

Nigerianos llevan a Shell ante tribunales holandeses




*Por primera vez un tribunal de La Haya, en Holanda, admitió a trámite una denuncia por supuestos daños ecológicos causados por la petrolera anglo-holandesa Shell en Nigeria.

Los denunciantes fueron la sección holandesa de la organización internacional Amigos de la Tierra y cuatro campesinos y pescadores nigerianos.
Ellos calificaron la decisión como una victoria inicial para todos los nigerianos que han estado luchando durante años “por un hábitat más limpio y por justicia”.

“Con esta acción se abre la puerta a otros procesos y la calificó de “un gran paso, ya que la justicia de nuestro país ha reconocido que Shell puede ser perseguida por estas acciones. Esa es nuestra victoria” afirmó Amigos de la Tierra.

Los agricultores y pescadores del delta del Níger aseguran que las filtraciones de petróleo de las actividades de Shell y sus filiales africanas han contaminado las tierras de labranza y lagunas de pesca, y piden que Shell limpie el crudo y los compense. La petrolera atribuye estos vertidos a actos de sabotaje de los grupos guerrilleros, muy activos en el Delta del río Níger pero los denunciantes sostienen que los derrames son parte de un “patrón sistemático que ha durado décadas”.

La acción se inició después de varios intentos fallidos de encarar el asunto en Nigeria, y debido a que Shell es una firma parcialmente holandesa, comentó un vocero Amigos de la Tierra.

Un portavoz de la corte informó que la empresa Shell - la mayor productora de gas y petróleo en el país africano de Nigeria -podrá presentar una réplica a los cargos el 10 de febrero. Por su parte, Shell informó el miércoles que estaba decepcionada con el fallo de La Haya porque sostuvo que las situaciones con “asuntos puramente nigerianos”.


Antecedentes

El conflicto contra la empresa Shell lleva muchos años por los impactos ambientales en el Delta del Níger que se ha convertido en una pesadilla para la población debido a la contaminación de tierras, ríos y arroyos.

La empresa Shell fue acusada de complicidad en el asesinato de varios activistas en la región. Si bien Shell desmintió la acusación, pagó una indemnización de 15,5 millones de dólares a los familiares de los muertos con lo cual el asunto quedó cerrado. Organizaciones de prestigio como Amnistía Internacional calificaron la situación en Nigeria como una “tragedia de los derechos humanos”.

Una de las principales actividades cuestionadas a la empresa Shell ha sido la quema de gases -como el metano- derivados de la extracción de petróleo.

El problema reside en parte en las avejentadas estructuras de extracción de petróleo en Nigeria y que datan de los años cincuenta, y que no tienen la capacidad de extraer las burbujas de gas que acompañan al petróleo.

Ni el gobierno ni la empresa han estado dispuestas a modernizar el sistema a pesar del valor del gas que se extraería lo que ocasiona ingentes pérdidas al Estado de Nigeria, calculados en 2,5 mil millones de dólares que el uso de este gas podría generar.

La consecuencia es que la quema de los gases ha provocado uno de los desastres ambientales más grandes del planeta y la población padece serios problemas cutáneos y respiratorios. El aire es irrespirable, las tierras incultivables y los peces -donde aún se encuentran- contienen cantidades excesivas de tóxicos.

La población nigeriana no percibe beneficios económicos de la extracción de petróleo mientras que la alianza entre la transnacional y los gobiernos han reducido los ingresos del Estado que han pasado de un 50 por ciento en los años sesenta a un 13 por ciento en la actualidad, reportó un informe de Radio Nederland de Holanda.


Fuente Rebelión


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