04 febrero 2010

Entrevista a Tomás Moulian



«La vuelta de los pinochetistas al poder es un trago amargo»

Tomás MOULIAN I Sociólogo chileno

Profesor en la Universidad de las Artes y las Ciencias Sociales y conocido por sus críticas a la llamada transición chilena, el sociólogo Tomás Moulian admite el dolor por el triunfo de la derecha pero apunta a que puede ser una oportunidad para la izquierda y la movilización social.


Por Beñat ZALDUA

Hijo de un exiliado vasco que nunca quiso regresar a Euskal Herria, Tomás Moulian lleva bajo la piel la agitada historia política chilena de la segunda mitad del siglo XX. Este sociólogo convertido en escritor e historiador político militó en el Movimiento de Acción Popular (MAPU) durante el Gobierno de Salvador Allende, optó por no exiliarse, aunque lo detuvieron en dos ocasiones, y desde el regreso de la democracia representativa, se ha convertido en uno de los críticos más lúcidos de la transición que la mayoría de analistas ensalza. Su ya clásico «Chile actual, anatomía de un mito», en el que critica que la Concertación ha continuado con muchas de las políticas económicas y sociales de Pinochet, fue el libro más vendido en el país andino durante varios meses y la Revista «Libros», del diario conservador «El Mercurio», lo señala como «el libro más influyente del siglo XX en Chile».

También ha bajado a la arena política, siendo el jefe de campaña de la histórica dirigente comunista Gladis Marin y como precandidato presidencial, también por el Partido Comunista, en el año 2005, aunque él remarca que no es un hombre de partido.

Desde el patio de la Universidad de las Artes y las Ciencias Sociales (ARCIS), donde ejerce como profesor, admite que, no por esperada, dejó de doler la victoria de la derecha en las elecciones del pasado domingo. Pero advierte de que el regreso del neoconservadurismo al poder político también puede abrir puertas a la izquierda y a una mayor movilización social.


¿Mal trago el del día 17?


Yo fui partidario de Jorge Arrate en la primera vuelta y voté por Frei (en segunda vuelta) para evitar el triunfo de la derecha. Pero Frei no era un candidato en el cual yo tuviese demasiada confianza, porque me parecía que iba a continuar haciendo lo que hace la Concertación, que es básicamente inmovilismo. Entonces sí, es un trago amargo porque vuelven al poder los pinochetistas; al poder político, ya que otros poderes los han mantenido siempre.


¿Qué le produce más inquietud, la derecha pinochetista o el neoliberalismo de Piñera?


Me produce más inquietud el neoconservadurismo, especialmente el de la UDI, que es un partido político con bastante penetración en los sectores populares. Ése es un dato de la política chilena desde la vuelta de la democracia representativa en el año 1988. Aquel año Pinochet tuvo un 44% de los votos, después de 18 años de dictadura. Eso indica la existencia de una derecha poderosa, que ahora ha logrado, por un margen relativamente corto, los votos que le permiten gobernar. Pero a mi lo que me asusta es el neoconservadurismo de esta UDI popular, como se llama a sí misma, que tiene penetración en los sectores populares. Esto le plantea un enorme desafío, no sólo a la Concertación, sino también a los que queremos situarnos más a la izquierda. Este desafío es una pregunta por el momento. Hay muchas más preguntas en ello que respuestas, porque hay que pensar en un proyecto para el futuro, pero en un proyecto que tenga audiencia en los sectores populares. Es el gran problema de un partido como el de los comunistas en Chile, por el que yo he votado desde la vuelta de la democracia representativa: su aislamiento de los sectores populares y la falta de penetración en sectores donde la UDI penetra.


¿Cómo se explica que un partido de derecha penetre en sectores sociales que, en principio, debieran ser más receptivos al programa comunista?


Ésta es una sociedad que después de la dictadura quedó con una derecha poderosa. Con un partido, a cuya cabeza estuvo Jaime Guzmán, senador asesinado, que tenía el proyecto de un partido popular católico, que la UDI realiza. Es el partido más organizado, más orgánico, el que tiene proyecto. Aunque su proyecto sea neoconservador, es un proyecto, y engarza con los sectores pinochetistas y con un catolicismo reaccionario que ha existido siempre en Chile. Hace trabajo de base y con estas consignas católicas reaccionarias logra penetrar en ciertos sectores que ven la modernidad como algo que mina la naturaleza humana.


¿En términos prácticos y a corto-medio plazo, cuáles son los riesgos que ve a esta vuelta de la derecha al poder?


Yo creo que habrá problemas en las políticas económicas y especialmente en las políticas sociales. Es verdad que han afirmado rotundamente que van a mantener los programas sociales. Es probable que eso sea así al principio, pero en la medida en que Piñera vaya gobernando van a salir los intereses de clase que están detrás de todo esto y se va a tener que perfilar como el presidente de los empresarios. No creo que esto ocurra inmediatamente, pero con el tiempo ese proyecto va a hacerse realidad y veremos el verdadero Piñera.


Muchos se quejan de que la sociedad chilena es una sociedad desmovilizada ¿Cree que con Piñera en La Moneda podría darse una reactivación?


Sí. Aunque en un principio van a ser las elites partidarias las que se van a mover, es posible que esta movilización de las elites poco a poco vaya generando más movimiento en la sociedad chilena, sobre todo si el nuevo presidente Piñera hace finalmente un Gobierno para los empresarios. Si Piñera hace un gobierno liberal-social, como algunos pretenden e insisten que lo va a hacer, nos vamos a encontrar con una derecha sorprendente. Todavía es temprano para saber cuál de las dos opciones va a ocurrir.


Se comenta que más que un triunfo de la derecha, fue un fracaso de la Concertación el hecho de que Piñera vaya a gobernar el país. ¿Cuáles han sido los principales fallos de la coalición?


Sí, hay algo de realidad en eso. Además, en esta ocasión la derecha presentó un candidato que logró ir más allá de la derecha clásica, que tiene un cierto carisma. Tiene un carisma que en la sociedad chilena es bien importante y que no hemos reflexionado suficientemente, y es que es millonario. Alguien que se hace millonario. Eso genera la imagen del nuevo rico, pero también la del exitoso, y acá primó la imagen del exitoso. Piñera fue capaz de proyectar dicha imagen, mientras que Frei silenció totalmente su papel como empresario. Frei también era un emprendedor, que renunció a los negocios para servir en función pública. No trabajó suficientemente esa categoría y esta sociedad «exitista» vio en Piñera el carisma del éxito, del winner (ganador). Ahora hace falta una Concertación que piense en un proyecto inclusivo, que sobre todo trate de olvidar sus 20 años de gobierno y las pifias que inevitablemente se generan después de un largo tiempo en el poder. Ahora se necesita una Concertación que busque generar una nueva forma de hacer política, que haga el discurso de la nueva política. La Concertación estuvo a la defensiva durante toda la campaña y lo único que genera es continuidad. Ha sido una Concertación desmovilizada, desmotivada, que no discute sobre proyectos. Ahora se necesita discutir sobre proyectos.


Ahora la gente critica mucho a la Concertación, pero usted lleva años haciéndolo. ¿Cuáles son las claves de la crítica que realiza a la coalición saliente y al modelo de transición chilena?


La transición mantuvo el modelo económico social del pinochetismo con cambios marginales, por no decir que la Concertación profundizó la neoliberalización de la sociedad chilena, tanto desde el punto de vista ideológico como de las políticas. Las ideas de validez del mercado, la validez de los empresarios, transformados lingüísticamente en emprendedores, son muy fuertes. La Concertación se quedó en un debe, en un camino que no profundizó, porque se dedicó a repetir. La Concertación fue repetitiva, aunque funcionó en el marco de una transición exitosa que le ha permitido gobernar durante 20 años, pero no descubrió que esto tiene límite.


Hablemos de la izquierda. Pese a los malos resultados, el Partido Comunista regresa al Parlamento. ¿Qué supone eso?


Por primera vez van a estar en el Parlamento, en función de un pacto con la Concertación. Ahora, ¿cuál es el nuevo proyecto de los comunistas? Yo diría que hasta ellos lo desconocen. Los comunistas, después de la caída del comunismo en Europa y de las transformaciones del comunismo en Asia, sobre todo en China, no han repensado su proyecto. Es un desafío para los comunistas y para los que trabajamos con ellos, hay una tarea para articular un proyecto de izquierda posible.


Se habla mucho de que la elección de Piñera significa un cambio de ciclo histórico Chile. Usted es una persona que ha vivido los cuatro últimos grandes periodos de la historia de este país. ¿Cree que estamos ante un gran cambio?


Yo diría que la determinación de una crisis siempre es una tarea compleja sea como sea la crisis. Aquí la pregunta no es si hay crisis sino si se cree en ella. Esta idea de crisis está teniendo calado, por lo que la tesis del cambio es interesante. Pero no habrá una vuelta atrás ni una ruptura, sino una prolongación. Tenemos que analizar el pasado en función de un nuevo futuro que tiene un dato: la llegada al Gobierno por primera vez en lo que llaman la transición, de la derecha. Va a depender mucho de lo que haga esa derecha. Están los dos sectores de los que hablamos, el neoliberalismo de Piñera y el conservadurismo de la UDI y de otros sectores de Renovación Nacional. Si se impone el conservadurismo, tendremos un escenario interesante para la izquierda, ya que debiera permitirle desplegar sus potencialidades culturales. Si el despliegue es neoliberal, la izquierda y la Concertación deberían ir juntos, replantearse esa aceptación del esquema neoliberal y pensar proyectos para el futuro. ¿Para qué lado derivará el Gobierno? Todavía es temprano para saberlo.


Fuente Gara



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01 febrero 2010

Patricio Lumumba, el rostro olvidado del genocidio negro



49º aniversario del asesinato del líder africano Patricio E.Lumumba

Por Carlos Ml. Vega Bolaños

"Ninguna brutalidad maltrato o tortura me ha doblegado porque prefiero morir con la cabeza en alto, con la fe inquebrantable y una profunda confianza en el futuro de mi país, a vivir sometido y pisoteando principios sagrados. Un día la historia nos juzgará, pero no será la historia según Bruselas, París, Washington o la ONU, sino la de los países emancipados del colonialismo y sus títeres". (Carta escrita a su esposa e hijos por Patricio Lumumba pocos días antes de su muerte).

El mes de enero de cada año, aunque el poder mediático mundial hace lo posible por borrar de la memoria histórica la existencia del genocidio negro en el continente africano, provocado por las potencias occidentales en su afán de hacerse por las grandes riquezas de su pueblos, es meritorio recordar al gran líder negro Patrice E Lumumba.

Hace ya 49 años, Patrice Lumumba, jefe del gobierno de la República del Congo, fue asesinado por una conspiración organizada por el gobierno de Bélgica, con la complicidad de los Estados Unidos, de Gran Bretaña y de las Naciones Unidas. Su cadáver condenó al Congo a la rapaz dictadura de Mobutu y una sucesión de sangrientas guerras civiles. Durante más de cuarenta años se ha mantenido el silencio sobre este crimen, en donde se rumorea que su cadáver y el de otros colaboradores, fueron disueltos en ácido sulfúrico para no dejar rastros.

El pensamiento de Lumumba, constituyó un peligro para las potencias occidentales explotadoras de los pueblos africanos, fue ministro, líder, enemigo del colonialismo y pionero por la unidad de los pueblos africanos y por su liberación. Buscaba la descolonización del Congo y destruir totalmente el poder colonialista europeo presente en África, erradicar el ultraje y el expolio que durante siglos había sufrido el continente, una persona así, no merecía continuar viviendo y por eso, se fraguó su asesinado a pocos meses de haber asumido el poder en la República del Congo.

A 49 años del asesinato del líder africano Patrice Lumumba, en su patria, la República Democrática del Congo, la guerra es un genocidio oculto que ha producido más de 5 millones de muertos en los últimos años; este genocidio puede ser detenido, pero la comunidad internacional, las democracias del Norte, no quieren detenerlo, convirtiendo al Congo en un pueblo activamente crucificado.

La ironía: poseer grandes riquezas naturales como las que tiene la República Democrática del Congo, se ha convertido en una tragedia.

En las montañas orientales del Congo hay valiosos minerales como el coltán y niobio, además de oro, diamantes, cobre y estaño. El coltán, abreviatura de colombio-tantalio, está en suelos de una antigüedad de tres mil millones de años. Se usa con el niobio para fabricar los condensadores para manejar el flujo eléctrico de los teléfonos celulares. Cobalto y uranio son elementos esenciales para las industrias nuclear, química, aeroespacial y de armas de guerra. Alrededor del 80% de las reservas mundiales de coltán están en el Congo.

Por el control de estos minerales escasos hay una guerra tremenda. Los poderes multinacionales quieren controlar la minería de la región. Conclusión: “el motivo del genocidio son estos minerales que buscan las corporaciones” y además están destruyendo la segunda área verde del planeta después del también amenazado Amazona.

Cuando se trata de actuar en África, hay una discriminación inherente”. Lo afirmó el antiguo coordinador de operaciones humanitarias de Naciones Unidas Jan Egeland, quien, junto con otros 15 dirigentes mundiales de conocido prestigio, ha firmado una carta enviada a los jefes de Estado de los países de la Unión Europea llamando la atención sobre la falta de acción internacional en el Este de la República Democrática del Congo.

Jan Egeland, que durante su periodo en Naciones Unidas siempre tuvo una reputación de decir las cosas directamente sin andarse por las ramas, dijo: “Nunca hubo esta indecisión cuando se trató de intervenir en los Balcanes, en Irak o en Oriente Medio”. Ciertamente no la hubo, pero cuando se trata de intervenir en crisis africanas parece como si la vida humana no tuviera el mismo valor en todas partes”. Esta es la doble la moral que practican los abanderados de los derechos humanos en el mundo.

Zenit, agencia de noticias del Vaticano, dijo hace poco que “la crisis humanitaria más olvidada en nuestro planeta es la del Congo”. De vez en cuando en los medios asoma la tragedia pues ya no hay modo de ocultarla. Pero lo que se dice de ella es todavía irrisorio e insultante en comparación con la magnitud de la barbarie y el genocidio. Y no hay llanto, ni pedir perdón, ni propósito de enmienda.

En el fondo, no se trata sólo de que a África se la discrimine cuando ocurren guerras que se ceban en los más inocentes, sino de algo más que merece la pena escarbar y descubrir que detrás de esta guerra se esconden los intereses de potencias como Estados Unidos, Inglaterra, Holanda y Bélgica, quienes apoyan al régimen de Kagame en Ruanda, de cuyos aeropuertos salen para estos países el preciado coltán (indispensable en la fabricación de armamento, teléfonos móviles y ordenadores portátiles de última generación, etc) que los soldados extraen con el trabajo forzado de niños y jóvenes en el Este del Kivu y envían en camiones y helicópteros a Kigali. Es triste constatar que en muchas ocasiones, esas “indecisiones” ante los problemas africanos podrían ser una forma camuflada de dejar que los acontecimientos se desarrollen de forma provechosa para los más poderosos, aunque sea a costa de que mueran millones de inocentes.

Hoy entiendo más que antes las razones por las cuales, un enero de 1961 fue atrozmente asesinado el patriota africano Patrice E. Lumumba, un ser humano así era imposible que continuara con vida, cometió el pecado capital de soñar que Otra Africa era Posible, una África unida en el desarrollo, en combatir la injusticia social y en la cooperación entre países para la educación. Devolver las riquezas del continente al pueblo africano, era su más profundo Sueño. El pensamiento de Lumumba se apoyaba sobre los siguientes tres pilares: la justicia, la independencia y la libertad.

Hoy hace 49 años, murió como un mártir de la lucha de los pueblos contra la injusticia, la expoliación, la humillación impuesta por las potencias europeas que a los cuatro vientos se proclaman democráticas. Es un mártir de la causa popular por un mundo más justo y más humano, por la fraternidad humana. Lumumba fue asesinado pero vivirá siempre en nuestros corazones. Él forma parte del genocidio olvidado de millones de hermanos africanos que han caído en el camino para que en el mundo blanco, unos pocos disfruten de grandes comodidades y amasen fortunas impregnadas de sangre inocente.

Me enorgullezco, al igual que decenas de miles de egresados que habitamos los cinco continentes, de haber estudiado en la Universidad de la Amistad de los Pueblos Patricio Lumumba, centro de estudios universitarios de clase mundial fundado en su memoria y que en febrero próximo cumple 50 años de vida en la preparación de cuadros profesionales para los países en vías de desarrollo.


Carlos Ml. Vega Bolaños es miembro de la Universidad Amistad con los Pueblos Patricio Lumumba



Fuente Rebelión


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Obama, un año después




A la memoria de Howard Zinn,
maestro, camarada y amigo


Por Atilio Boron

Al cumplir un año la Administración Obama presenta inequívocos signos de deterioro. Según el Rasmussen Report, dedicado a producir un seguimiento día a día de la popularidad de los presidentes de Estados Unidos, en apenas un año la aprobación popular de la gestión de Obama descendió desde un 65 % el día de su inauguración al 47 registrado el 27 de enero del 2010.[1] En esa misma fecha la encuestadora Gallup le asignaba un porcentaje levemente superior de aprobación popular: 48 %, desde un 69 % inicial.[2]

Las razones de esta rápida declinación son muy variadas: la crisis general capitalista ha generado un profundo descontento popular que las ortodoxas medidas adoptadas por la nueva administración para enfrentar la crisis fundamentalmente, el multimillonario rescate de los grandes oligopolios a costa del gasto social y la muy injusta repartición de los esfuerzos para superarla- no hacen sino acentuar. En los días previos a su discurso ante el Congreso y golpeado por la inesperada pérdida de la banca senatorial en el Estado de Massachussets, tradicional bastión del partido Demócrata, Obama anunció su intención de establecer regulaciones más estrictas sobre los bancos y el sector financiero y, además, de promover un conjunto de medidas tendientes a favorecer la creación de empleos y facilitar el acceso de las familias de los trabajadores a crecientes niveles de educación.

Estas promesas fueron sin duda impulsadas por la derrota electoral y la pérdida de la estratégica super-mayoría en el Senado (60 votos sobre los 100 que componen ese cuerpo) que, entre otras cosas, le permitiría avanzar con su programa de reforma del sistema de salud. Pero también fueron aguijoneadas por la constatación de la indignación popular desatada por el contraste entre las exuberantes ganancias de los principales operadores bancarios y la caída de los ingresos (y el aumento del desempleo) de los trabajadores. Goldman Sachs, tal vez el más importante banco de inversión del mundo, anunció días atrás que en 2009 había obtenido “una ganancia de US$ 3.385 millones, antes del reparto de dividendos, una cifra que resultó seis veces mayor que el beneficio logrado en 2008.” [3] 

Es decir, para el capital financiero la crisis fue un espléndido negocio, y por eso los gerentes y directivos de Wall Street serán premiados, tal como lo asegura Robert Reich, con una suma cercana a los 25.000 millones de dólares en bonificaciones anuales que serán distribuidas en los próximos meses entre un puñado de privilegiados.[4] Un verdadero escándalo para un país cuya tasa real de desempleo –es decir, incluyendo a los trabajadores indocumentados, los que trabajan a medio tiempo y los que dejaron de buscar empleo- supera ya la marca del 20 % y en el cual las diferencias de remuneraciones entre la gerencia y los trabajadores se ha disparado a las nubes. Hace unos 25 años los primeros percibían salarios que fluctuaban entre 30 y 40 veces por encima de los del trabajador medio; en la actualidad estudios concretos revelan que esa diferencia alcanzó la astronómica cifra de 344 veces. Magia del mercado, que le dicen. [5]

Llegados a este punto es conveniente preguntarse por las razones que produjeron tan fenomenal polarización entre las remuneraciones de unos y otros. Hay dos causas principales: por una parte, las políticas neoliberales de desregulación y liberalización de la vida económica, que removieron los controles existentes desde la época del New Deal y la posguerra que ponían ciertos límites al despotismo del capital. Ronald Reagan comenzó la demolición y sus continuadores, sin excepción, profundizaron esa política. Por otro lado, el radical debilitamiento de los sindicatos: si en la década de los cincuentas más de la tercera parte de los empleados del sector privado estaban sindicalizados, la legislación anti-laboral (“flexibilización” y precarización de la relación obrero-patronal) promulgada desde los años ochenta hicieron que la proporción de trabajadores encuadrados en organizaciones sindicales se desplomara a un 7 % en los últimos años. Investigaciones empíricas demuestran que en las empresas sin sindicatos los gerentes tienen sueldos y compensaciones un 20 %  superiores a las de sus colegas en empresas en donde existen sindicatos; y que los trabajadores en las primeras perciben ingresos muy superiores a los que reciben quienes se desempeñan en otras en las cuales no hay actividad sindical.

Lo anterior revela los alcances del proceso de intensificación de la explotación capitalista en Estados Unidos y la exacerbación de la concentración de la riqueza en manos de la clase dominante. En cierto sentido podría pues decirse que en ese país asistimos a una situación en la cual la lucha de clases se desenvuelve sordamente bajo un espeso velo ideológico que impide a las clases y capas subalternas adquirir una verdadera comprensión de sus propias condiciones de existencia y las causas de sus pesares. Toda la industria cultural norteamericana ha sido diseñada para negar la existencia de las clases y su irreconciliable contradicción. 

La permanente invocación y exaltación del American Dream -que llegó a su apoteosis con la llegada de un afro-americano a la Casa Blanca- no es sino ese cemento ideológico del cual hablaba Gramsci y mediante el cual los víctimas del sistema se culpabilizan a sí mismas de sus miserias y fracasos e inocentizan al sistema capitalista por sus desdichas y padecimientos. Lucha de clases velada y, además, atrofiada, porque la crisis del movimiento obrero, el derrumbe del sindicalismo y la claudicación del partido Demócrata (que abandonó por completo su antigua pretensión de representar a las capas medias y los trabajadores para entregarse de cuerpo y alma a los yuppies del capital financiero) dejan a la enorme masa de trabajadores asalariados norteamericanos huérfana de toda expresión política y sindical y, por eso mismo, sin capacidad para poner coto a las exacciones a que se ve sometida por la clase dominante. Bajo estas condiciones, los anuncios y la retórica de Obama difícilmente puedan surtir algún efecto: se requiere mucho más que palabras y discursos, y parece que eso es todo lo que aquél puede ofrecer al menos por ahora.

El deterioro de la situación social en los Estados Unidos puede graficarse elocuentemente si se repara que a partir del 2008 “7 millones perdieron su empleo,... 1 de cada 8 (norteamericanos) se alimenta a través de vales de comida y 1 de cada 5 dice que el año pasado tuvo serios problemas para dar de comer a los suyos.” [6] También, si se tiene en cuenta que “si antes de las reaganomics (en los años 70s ) el 10% más acomodado capturaba menos de un tercio de la riqueza -igual no era poco-, hoy se alza con la mitad.”[7] Esto constituye el telón de fondo de los recientes anuncios de Obama. Son también, por supuesto, factores que explican la abrupta caída en la popularidad presidencial. De todos modos, bastó que aquél hiciera algunos anuncios previos en relación a estos programas para que el establishment norteamericano y sus voceros reaccionaran con virulencia, fulminando al ocupante de la Casa Blanca con el rótulo de “populista” por su fuerte “retórica en contra de los bancos.” [8]

Pero el malestar y la debilidad de Obama tiene también otras fuentes: una de ellas es la generalizada sensación de que la “guerra infinita” de George W. Bush es una pesadilla interminable que se agrava con el paso del tiempo, tal como lo demuestran las fatídicas noticias que a diario llegan de Irak, Afganistán y Pakistán. Y si bien en su alocución al Congreso Obama aseguró que las tropas estacionadas en Irak regresarían a casa en Agosto son pocos los que creen en semejante promesa. Es más, no sería absurdo conjeturar que la creciente militarización de las relaciones hemisféricas -con base en Colombia, convertida en la Israel latinoamericana- podría tener como consecuencia la apertura de un tercer frente bélico, ahora en esta parte del mundo.

A ello agréguese la muy difundida percepción de que la decadencia del “imperio americano” no encuentra en el ocupante de la Casa Blanca el piloto de tormentas que se necesita para enfrentar tan delicada situación agravada, además, por la creciente complejidad de un escenario global caracterizado por: (a) la aparición de nuevas actores dotados de extraordinarios recursos –China, en primer lugar, pero también India, Rusia y la misma Unión Europea- y (b), por el surgimiento de inéditos desafíos, como el cambio climático, la crisis del agua, el terrorismo internacionalizado y el tráfico ilegal de drogas, personas y armas, cuestiones estas que ponen en entredicho la eficacia de los mecanismos tradicionales de intervención en el sistema internacional.

Por eso, a poco andar, La obsesión por derrocar a Hugo Chávez y “normalizar” el cuadro político latinoamericano podría llegar a precipitar tal desatino.las promesas electorales de Obama se fueron abandonando sin mayores explicaciones. Su decepcionante conducta en la Cumbre de Copenhagen demostró claramente la tibieza de sus afanes innovadores.Y lejos de “desmilitarizar” la política exterior de Estados Unidos lo que hizo Obama, sin fuerzas para sobreponerse a las presiones de sus generales y el “complejo militar-industrial”, fue delegar cada vez más sus prerrogativas como comandante supremo de las fuerzas armadas en manos del establishment. Una buena prueba de ello la ofrece el hecho de que el presupuesto militar aprobado para este próximo año es el mayor de toda la historia de Estados Unidos, superando con largueza el billón de dólares (un millón de millones de dólares) si se consideran los gastos militares efectuados por todos los departamentos de la Administración federal y no sólo por el Pentágono. 

Lejos de revertir el papel dominante del Departamento de Defensa en la formulación de la política exterior, que es uno de los legados más funestos de la era Bush Jr., lo que hizo Obama fue proseguir en el mismo curso, algo que podía fácilmente pronosticarse a partir de la ratificación de Robert Gates al frente del Pentágono, nombrado como se recordará por su predecesor en reemplazo de Donald Rumsfeld. La gira por Asia mostró, además, a un presidente norteamericano a un paso de la humillación en su visita a China, y con Japón reclamando cada vez con más energía la redefinición de las relaciones nipo-estadounidenses constreñidas aún por los leoninos arreglos de la postguerra y las secuelas de la Guerra Fría.

En lo que hace a esta parte del mundo el desempeño de Obama fluctúa entre la intrascendencia y, otra vez, la continuidad con las políticas de Bush Jr.  Pese a sus promesas de cerrar en el plazo de un año la cárcel ilegal que mantiene en la base naval de Guantánamo Obama tuvo que reconocer que tal cosa será imposible, al menos por ahora. La Cuarta Flota sigue navegando nuestras aguas y ahora los marines (unos 14.000 al día de hoy) asumieron el control de una devastada Puerto Príncipe que necesita médicos, trabajadores sociales, ingenieros y arquitectos y no máquinas de matar. El objetivo, claro está, es reforzar hasta el paroxismo su control territorial en la región, y el terremoto y la posterior tragedia haitiana le brindó a Washington una magnífica excusa, al igual que el derrumbe de las Torres Gemelas lo hizo para lanzar los planes belicistas de Bush y compañía. 

El comportamiento de Obama durante el golpe de Honduras fue, al principio errático, pero luego que la Secretaria de Estado Hillary Clinton fijara la postura de los sectores dominantes del imperio -que encuentran en ella a su más calificada y confiable representante- y caracterizara lo ocurrido en ese país centroamericano como un “interinato” la Casa Blanca se plegó a la línea emanada del “gobierno permanente” de Estados Unidos y, en la actualidad, ha convalidado plenamente el golpe por la vía del reconocimiento de la validez de unas elecciones tan fraudulentas y viciadas que la OEA y el Centro Carter decidieron que no valía la pena monitorear.

Como si lo anterior fuera poco Obama no hizo absolutamente nada en relación a la situación de los 5 cubanos prisioneros en las cárceles de Estados Unidos, bajo condiciones que ni siquiera se le aplica al más feroz criminal serial y que fueron sentenciados en un escandaloso juicio que constituye una vergüenza para el sistema judicial norteamericano. En relación al bloqueo a Cuba, condenado por toda la comunidad internacional con la excepción del propio Estados Unidos, su estado-cliente Israel y su protectorado en la Micronesia, Obama no tomó ninguna medida significativa para la eliminación de tan infame política. 

Como si lo anterior fuera poco firmó con Uribe un tratado por el que se le concede a Estados Unidos el derecho a instalar siete bases militares en Colombia, cuyo objetivo apenas silenciado es el de poder controlar con sus aviones cualquier movimiento significativo que tenga lugar en Sudamérica, hasta las cercanías del Cabo de Hornos. Tal como lo señalara el Comandante Fidel Castro, ese tratado constituye en realidad una anexión de facto de Colombia a los Estados Unidos: sus militares y civiles pueden entrar y salir a voluntad de Colombia, sin utilizar pasaportes. Basta para ello con exhibir un simple carnet de identidad. Los colombianos que quieran ingresar a Estados Unidos, en cambio, son sometidos a toda clase de controles y vejaciones. Los cargamentos que los norteamericanos internen o saquen del país no pueden ser sometidos a fiscalización alguna por parte de las autoridades colombianas.

Pueden importar armas de destrucción masiva, si se lo proponen; y exportar estupefacientes, cosa que ya hicieron en el pasado (recordar el affaire Irán-Contras). Por si lo anterior no bastara, los estadounidenses establecidos en Colombia gozan de total inmunidad diplomática y no pueden ser llevados a los tribunales colombianos por cualquier delito o crimen cometido en ese país. Y este tratado lo firmó Obama, no Bush.  Para resumir: al cabo de un año la gestión Obama revela que es más de lo mismo, a pesar de sus recientes arrestos dialécticos que habrá que ver si son sucedidos por iniciativas concretas, cosa que no parece demasiado probable. Noam Chomsky tenía razón cuando advirtió, mucho antes de su elección, que “Obama es un blanco que tomó demasiado sol”.

- Dr. Atilio A. Boron, director del Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales (PLED), Buenos Aires, Argentina www.centrocultural.coop/pled-  http://www.atilioboron.com

[1]http://www.rasmussenreports.com/public_content/politics/obama_administration/obama_approval_index_history
[2] http://www.gallup.com/home.aspx
[3]Obama pone un drástico límite a los bancos y al sector financiero, en Clarín  http://www.clarin.com/diario/2010/01/22/elmundo/i-02124926.htm
[4] http://www.clarin.com/diario/2010/01/21/opinion/o-02124068.htm
[5] «Workers Need Added Clout To Close The Pay Gap with CEOs”, en http://www.commondreams.org/view/2008/09/01
[6] Cf. Hinde Pomeraniec, “Gerente o líder”, http://www.clarin.com/diario/2010/01/28/elmundo/i-02128501.htm
[7] Cf. Néstor Restivo, “El lento declive de la clase media y el sueño americano”, en http://www.clarin.com/diario/2010/01/28/elmundo/i-02128501.htm
[8] “CBS’s Reid calls Obama’s populism ‘more like politics than a real plan’”, en http://businessandmedia.org/articles/2010/20100125145911.aspx


Fuente ALAI

Imagen Lacoste



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27 enero 2010

Las wayúu, mujeres de palabras tomar



Por Ángela Castellanos Aranguren
SEMlac

En la Península de la Guajira, compartida por Colombia y Venezuela, viven los wayúu, un pueblo originario cuyas mujeres tejen no sólo mochilas y chinchorros (hamacas), sino también paz.

Mujeres Tejiendo Paz, o Wayunmusurrat en la lengua wayinaki o idioma wayúu, es la organización binacional que nació de la masacre de Bahía Portete, en 2004,
para la defensa de los derechos colectivos de pueblos originarios, y en especial del wayúu, con énfasis en las mujeres y jóvenes.

El 18 de abril de aquel año, un grupo de hombres armados, bajo órdenes del jefe paramilitar cuyo alias era Pablo, entraron a Bahía Portete, un pueblo en la Alta Guajira, y asesinaron a 12 personas, desaparecieron a 30 más y violaron a varias mujeres. Entre los muertos, había cuatro niños que fueron carbonizados y ocho mujeres, algunas cruelmente decapitadas.

"Como consecuencia, unas 600 personas huyeron, muchas de las cuales buscaron refugio en el lado venezolano del territorio wayúu. El gobierno dijo que los wayúu siempre hemos viajado a Venezuela desconociendo el desplazamiento forzado de estas personas", afirmó a SEMlac Telemina Barros, encargada del área de género de Mujeres Tejiendo Paz.

"Los paramilitares mancharon el honor del pueblo wayúu, rompieron la ley indígena que dice que en una disputa a las mujeres no se las toca, pues si bien al violarlas no se las mata físicamente, sí se las está matando por dentro", agregó Barros, quien junto con otras de estas mujeres ha liderado el proceso de justicia en el caso de esta masacre.

Con gran coraje, y haciendo caso omiso a la amenazas contra su vida, Barros viajó a Barranquilla para preguntarle personalmente al jefe paramilitar de alias Jorge 40 -actualmente procesado por la justicia- por qué dio la orden de asesinar al grupo de wayúus, en el cual se encontraban sus tres tías. Sin embargo, la audiencia judicial en Barranquilla fue suspendida, por problemas en el traslado del acusado a esta ciudad.

No obstante, para los wayúus las causas de la masacre serían provocar el abandono de Bahía Portete por parte de los nativos, a fin de que los paramilitares pudiesen apropiárselo para usarlo como punto de exportación en sus rutas de tráfico ilegal de estupefacientes. Otra motivación que se considera es que los wayúu son un obstáculo para los proyectos comerciales que estudian las multinacionales en este lugar.

En cualquier caso, Barros, quien se desempeñaba en el momento de la masacre como inspectora de Policía de Urbilla, la capital wayúu, asegura que los victimarios fueron los paramilitares del Bloque Norte. "Fuimos las mujeres las que recogimos los cuerpos y enterramos a nuestros familiares, a los que pudimos, porque Pablo nos dio 24 horas para hacerlo".

El hecho de que hayan sido las mujeres wayúu quienes conformaron la organización no es de extrañar, ya que ellas son escuchadas en su sociedad, tienen una larga tradición de lideresas y desempeñan un rol fundamental toda vez que la sociedad está organizada por clanes heredados por línea materna.

Además, las mujeres se han convertido en las consejeras de los 'palabreros'- hombres a cargo de la resolución de conflictos- "porque miramos al futuro y pensamos en las próximas generaciones".

Durante 2009, Mujeres Tejiendo Paz realizó tres Encuentros Binacionales. En septiembre pasado, organizaron el Primer Encuentro Binacional de Mujeres Wayúu por la Identidad y el Territorio, en donde se debatieron propuestas tendientes a la conservación de ese pueblo, compuesto por unas 300.000 personas, entre colombianos y venezolanos.

"Exigimos a los Gobiernos de los Estados Unidos y de Colombia el respeto por el territorio ancestral wayúu, por sus pretensiones de instalar bases militares en nuestro territorio sagrado, establecido en el convenio 169 de OIT", dice en uno de sus puntos la declaración final de este Encuentro.

También piden que se reconozca que su territorio es plurinacional y rechazan que en éste se adelanten megaproyectos, tales como hidroeléctricas. "No nos oponemos al desarrollo, sino que pedimos que se respete nuestra cultura y autonomía", puntualiza Barros.

En el aspecto cultural, solicitan a su pueblo que no abandone su territorio ancestral. "Se están perdiendo algunos usos y costumbres debido a que los jóvenes se van a las ciudades huyendo del conflicto armado, y por otras causas", afirmó a SEMlac Betty Granadillo, integrante de Mujeres Tejiendo Paz.

"Por ejemplo, antes un hombre wayúu jamás golpeaba a una mujer. Ahora sí lo hace, en parte por la influencia de la televisión y del conflicto armado, entre otras razones", agregó Granadillo.

Tradicionalmente, cuenta Barros, en la pubertad, la mujer era separada durante dos o tres meses para prepararla para el matrimonio, se le enseñaba sobre tejidos, sexo y plantas naturales para varios fines, entre ellos la planificación familiar.

"La organización Wayuumunsurat ha venido trabajando en la visibilización de la problemática de las mujeres wayúu, quienes han sufrido en carne propia el conflicto armado de los grupos paramilitares, pero siempre resaltando nuestros usos y costumbres para enseñarle a la humanidad la importancia de la mujer en todo el sentido de la palabra, ya que somos quienes damos vida, somos protectoras de vida, conservamos y aprendemos de nuestras abuelas los valores que representa el ser mujer wayúu", afirmó Débora Barros, coordinadora de Mujeres Tejiendo Paz.


Fuente Rebelión

Foto http://organizacionwayuumunsurat.blogspot.com/


El énfasis es mío



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Bachelet - Pinochet = Piñerachet





Por José Steinsleger


Chile involuciona. A continuación, el epílogo de "Historia de claudicaciones: el retorno a la democracia en Chile", (publicado en este espacio el 11/9/98), o bien la segunda parte de la serie "Pinochet + Concertación = Bachelet" (18-25/01/06 y 1/2/06).

Los comentarios de entonces giraban en torno a los estragos del capitalismo salvaje en un país que fue convertido en prueba piloto del neoliberalismo mundial en ciernes. País en el que, según Wikipedia (enciclopedia virtual que ajusta sus textos al poder político de turno), promedia “… índices de desarrollo humano, porcentajes de globalización, PIB per cápita, nivel de crecimiento económico y calidad de vida que se encuentran entre los más altos de América Latina”.

Más falso, viuda maquillada. Porque si nada se le opone en el camino, cuando en 2013 el presidente electo Sebastián Piñera empiece a cerrar su mandato, las palabras escritas en 1892 por Eduardo Matte Pérez (bisabuelo del magnate pinochetista Heliodoro Matte Larraín) seguirán conservando su vigencia: "Los dueños de Chile somos nosotros, los dueños del capital y del suelo; lo demás es masa influenciable y vendible; ella no pesa ni como opinión ni como prestigio" (Ernesto Carmona, Los dueños de Chile, Ed. La Huella, Santiago, 2002, p.119). Y el pinochetismo heavy y el pinochetismo light habrán cumplido 40 años de sostenida exclusión social.

Con total desconocimiento de la realidad, la dictadura mediática y los académicos programados por las corporaciones trasnacionales dicen que la economía chilena "crece" y la pobreza "decrece". Pero si les preguntásemos qué significa ser "pobre", nos mirarán con un dejo de sorna y desprecio. ¿Acaso no conocemos el decreto "posmo" que abolió las clases sociales y dividió a la sociedad en "sectores" aritméticamente medibles?

En México, donde los métodos chilenos de medición de la pobreza causan el orgasmo de los tecnócratas, el experto Julio Boltvinik asegura que cada vez se ponen "muchos más requisitos para ser pobres" (La Jornada, 12/12/09). Por lo que no cualquiera es "pobre". Si un trabajador gana por debajo de 500 dólares mensuales es pobre. Si gana un dólar más es menos pobre. Todo clarito: "política social" sí, política económica no.

La alquimia contable neoliberal fue minuciosamente desenmascarada por el sociólogo Tomás Moulian en Chile actual: anatomía de un mito (1997).

La obra de Moulian fue pionera en explicar cómo funciona la "ingeniería social" que llevó a los políticos de la Concertación a borrar cualquier alusión al pasado de ética, gloria y tenacidad de las luchas populares chilenas.

La Unidad Popular ensayó algo más que meras políticas de contención social. En 1972, la relación entre el 20 por ciento más rico y el 20 por ciento más pobre fue solamente de 12 veces, y la participación de los salarios en el ingreso llegó a 52 por ciento. Política económica que, inevitablemente, trastornó el biorritmo de los dueños de Chile, tornando imperioso el pedido de una "ayudita" a Pinochet y sus verdugos.

El "modelo chileno" tampoco cayó del cielo. Matar fue la premisa: 17 años de terrorismo de Estado. Y luego, el fraude ideológico marcó durante 21 años más la frente del golpista Patricio Aylwin, el derechista Eduardo Frei Tagle, el mediocre Ricardo Lagos y la socialista hello Kitty Michelle Bachelet, llevando a los chilenos a "elegir" entre Frei (quien hizo lo imposible para que Pinochet se muriese en la cama) y Piñera, compadre del genocida presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez.

Los investigadores Darío Salinas y Carolina Teitelboim observan que en una muestra del Banco Mundial (2004), Chile ocupaba el segundo lugar, después de Brasil, en desigualdad regional: “En la medida en que esta tendencia no se ha revertido, el tema de la desigualdad se recoloca en la agenda de discusión... en un país (…) donde precisamente no abundan las discusiones de los problemas públicos acuciantes” (América Latina y el Caribe: una región en conflicto, Plaza y Valdés 2009, México, p. 336).

¿Éxito? Para muestra, un botón: hace poco la dirigente democristiana María Rozas denunció que las cajeras del supermercado Santa Isabel, en la sureña ciudad de Chillán, trabajan más de ocho horas sin que se les permita moverse. "No pueden ir al baño y muchas deben usar pañales desechables". Chillán: ciudad en la que Siqueiros pintó en la Escuela México, el mural Muerte al invasor (1942).

En la política chilena, forma es fondo. Bachelet a Piñera: "Lo felicito. Hoy Chile lo ha elegido democráticamente, y espero que siga el camino del progreso y la justicia social". Piñera a Bachelet: "Le agradezco sus palabras y le pido que me aconseje para continuar lo que está bien hecho y para emprender nuevas tareas, porque empieza un camino".

¿Y la "izquierda"? La izquierda (lúcida) sabe que "el camino" de Piñera será el de sus patrones: Wall Street y el Opus Dei. O sea, el de Perú, Panamá, México y Colombia. La izquierda deberá partir de cero, y sabiendo distinguir (de una buena vez), a los "pelucones" y "realistas" que en 1823 y 1973 condenaron a O’Higgins y Allende al exilio, la miseria y la muerte.


Fuente La Jornada


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